viernes, 30 de agosto de 2013

UN COMBATE EN ORITUCO DE 1814



UN COMBATE EN ORITUCO DE 1814

Carlos A. López Garcés
Cronista de Altagracia de Orituco

San Francisco Javier de Lezama es un pueblo que data de los tiempos de la hegemonía colonial española, con trescientos veinticinco años de existencia; está ubicado en el extremo nor-oriental del estado Guárico, a orillas del río Orituco, en cuya jurisdicción ocurrió la llamada Batalla de Lezama durante la Guerra de Independencia y de la cual se cumplirán doscientos años el 14 de marzo de 2014.

Pocas son las informaciones conocidas acerca de aquel conmovedor encuentro bélico, que es de especial interés historiográfico para las localidades orituqueñas; sin embargo, esas mismas noticias, aunque contienen ciertas contradicciones, son suficientes para  concretar la posibilidad de un acercamiento a esa acción libertadora.

Las fuerzas realistas dirigidas aterradoramente por el general José Tomás Boves, representadas  en Orituco por el coronel Francisco Rosette, había motivado a los patriotas orituquenses para abandonar sus comunidades desde mediados de enero de 1814. El territorio orituqueño le sirvió a los bovistas como centro de operaciones, desde donde invadieron los valles del Tuy. No obstante, su organización era conocida por el ejército de los independentistas orientales comandados por el general en jefe Santiago Mariño, quien marchaba hacia el centro de Venezuela en auxilio de las tropas dirigidas por Simón Bolívar, que enfrentaban desventajosas a las de Boves.

Mariño había dispuesto que el primer batallón de línea de Cumaná, con el escuadrón número 6, a las órdenes del coronel Mayor General Juan Manuel Valdés, le hiciera seguimiento cercano a las milicias enemigas, con el fin de procurar la liberación de los pueblos de Orituco, lo que permitió avanzar hasta Lezama, donde, el 14 de marzo, combatieron exitosamente contra los defensores del rey que custodiaban los pueblos orituqueños. Las fuerzas republicanas habrían avanzado por el camino que enlazaba a Chaguaramas con Orituco; se enfrentaron a las defensas realistas a legua y media de Lezama, acaso en el sitio de San Andrés o en sus cercanías; este lugar aún perdura y está ubicado justamente a esa distancia y al sur de aquel pueblo.

Las características del terreno no permitieron formar la línea de batalla; por  esto fue escasa, pero suficiente, la cantidad de soldados patriotas, formada por algunos carabineros y la compañía de granaderos, para derrotar en hora y media a los realistas, cuyas pérdidas arrojaron un saldo de más de cien cadáveres en el lugar de combate, un gran número de heridos, varios prisioneros, algunas armas, una caja de guerra y la fuga de los restantes.

No hay datos confiables acerca de supuestas bajas en el bando republicano;  tampoco los hay sobre la identidad del jefe realista que comandaba las tropas derrotadas. Algunos mencionaron equivocadamente a Sebastián de la Calzada, porque, para el momento de la Batalla de Lezama, este realista ejecutaba el sitio de la ciudad de San Carlos, entre el 12 y el 17 de marzo de aquel año. Otros señalaron a Francisco Rosete, lo cual está en duda, pues este personaje cumplía la misión de atacar a los valles del Tuy, que le había asignado su máximo jefe, el general José Tomás Boves.

La Batalla de Lezama habría significado un triunfo alentador para las fuerzas patriotas en aquellos días terribles de la Guerra a Muerte, cuando las tropas realistas comandadas por el general José Tomás Boves dominaban sin piedad el escenario bélico.  El entusiasmo causado por aquel triunfo fue de poca duración, porque los partidarios del rey reconquistaron los pueblos de Orituco, motivados por la victoria de Boves en La Puerta, el 15 de junio de 1814.

Es pertinente decir que en este trabajo es utilizada la denominación Batalla de Lezama porque así está identificada esta acción militar en uno de los monolitos construidos en homenaje a los próceres de la independencia venezolana, ubicados frente al Fuerte Tiuna, en Caracas. No obstante, debe aclararse que algunas personas prefieren hablar de Combate de Lezama, quizás apelando a una diferencia sustantiva, según la cual lo acontecido entonces no fue una “serie de combates”, que por definición académica es característico de una batalla, amén de otros factores, sino un combate solamente. Esta apreciación parece tener fundamento, máxime cuando, con fecha en Orituco del 20 de marzo de 1814, Ramón Machado, Secretario de Guerra a la orden del patriota coronel Valdés, escribió lo siguiente refiriéndose a aquel suceso heroico: “No entraron en la acción por nuestra parte más que algunos carabineros y la compañía de granaderos, por no permitir la localidad del terreno formar la línea de batalla…”(1)
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(1)    Extracto de la ponencia “Algunas noticias de interés para estudiar la Batalla de Lezama”, expuesta en el IX Encuentro de Cronistas, Historiadores e Investigadores, celebrado en Ortiz el sábado 24 de agosto de 2013.
 

jueves, 21 de marzo de 2013

CRISTO, BOLÍVAR Y CHÁVEZ


CRISTO, BOLÍVAR Y CHÁVEZ

Carlos A. López Garcés

         El liderazgo puede ser entendido como un don que la naturaleza concede a determinadas personas, en quienes se desarrolla gracias a que son inteligentes, sensibles, visionarias, intuitivas, perspicaces, premonitorias, apasionadas, aplicadas, fervorosas, organizadas, precisas, oportunas, acertadas, impetuosas, hiperactivas, voluntarias, previsivas, disciplinadas, humildes, sinceras, perseverantes y otros dotes parecidos, que tienen la fortaleza de la virtud cuando son dispuestos para el beneficio de la humanidad y sobretodo de los desamparados.

            Líderes o lideresas con tales características se transforman en seres excepcionalmente extraordinarios y sus cualidades se agigantan, con dimensiones que traspasan los linderos de la infinitud, cuando están asociadas al amor puro y franco por los semejantes, a la solidaridad con los más necesitados y a la lealtad comprometida con el ideario libertador y justiciero. Este es el caso de Cristo, Bolívar y Chávez cuyos lideratos son comparables, porque aportaron sus virtudes para el servicio de la milenaria lucha contra la pobreza padecida por millones de seres humanos, que es la más larga y trágica conocida históricamente. Estos liderazgos se asemejan en la intensidad del magnetismo para atraer sentimientos encontrados, contradictorios, de amor y de odio en el momento que les tocó vivir. Los tres fueron amados por quienes comprendieron y respaldaron el sentido humanitario de sus propuestas de justicia social y fueron odiados por quienes vieron peligrar sus factores de dominación. Las clases dominantes los sometieron a perversas e intensas campañas de desprestigio.

Cristo fue víctima de la aversión popular, inducida con mucha habilidad por representantes del imperio romano, quienes optaron por aprobar en acto público, multitudinario y por decisión mayoritaria de los presentes, que fuese crucificado a cambio de liberar a Barrabás, cuya propuesta de combatir por la vía armada contra las injusticias sociales era mucho menos peligrosa para la estabilidad del gobierno, porque no tenía la popularidad ni la trascendencia política del discurso cristiano, y quien, sin embargo, había sido expuesto al escarnio público acusándosele de ladrón.

Bolívar, después de habérsele utilizado su talento militar para dirigir exitosamente la guerra de independencia contra la dominación colonial española, fue execrado por antiguos seguidores militares y civiles, quienes, sin el menor signo de pudor, se aliaron con aquellos que defendían iguales intereses económicos, sociales y políticos para agruparse en las llamadas oligarquías emergentes, con el fin de anular el proyecto  integrador bolivariano, aplicable a la imperiosa atención de los pueblos más necesitados. Lograron su propósito auxiliados con falsedades usadas para promover con destreza el culto engañoso a una personalidad de carne y hueso, que pretendieron deshumanizarla, mitificarla y endiosarla eternamente, cuyo pensamiento de transformación revolucionaria no dudaron en tergiversar y ocultar, obligados por el contenido de planteamientos razonables e indiscutibles en pro de la gente más urgida.

Chávez se instaló en el panorama político para rescatar el carácter humanístico del ideario bolivariano, orientándolo en dos direcciones fundamentales, ajustadas a las exigencias contemporáneas: primera, la construcción y consolidación de una patria republicana, democrática, autónoma, libre, independiente, soberana y socialista, como opción real para establecer un sistema de gobierno perfecto, generador de la mayor suma de felicidad posible, de la mayor suma de seguridad social y de la mayor suma de estabilidad política, que motive la formación y fortalecimiento de una sociedad donde predomine la justicia en todos sus ámbitos; segunda, la integración de países latinoamericanos y del Caribe, entre si mismos y con otras naciones del mundo saturadas de necesidades similares, con la finalidad de contrarrestar la empobrecedora dominación imperial estadounidense y equilibrar el ejercicio de la libertad e independencia absolutas, como principios elementales para conseguir la  autodeterminación de los pueblos. Estas orientaciones afectan gravemente intereses del capitalismo nacional e internacional y explican el odio que la alienación capitalista produce contra el chavismo y su máximo conductor. No obstante, Chávez ha comenzado a transitar por la gigantesca e imperecedera magnitud del liderazgo universal de los justos. No fue por casualidad que el secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-moon, dijo el recién pasado miércoles 13-03-2013, refiriéndose a Chávez en el seno de esa institución internacional, que este ‘Fue uno de esos líderes que marcaron una diferencia en su país, la región y el mundo’.

Altagracia de Orituco, sábado 16 de abril de 2013.

martes, 8 de enero de 2013

GENERAL ADOLFO CHATAING (Notas biográficas)



GENERAL ADOLFO CHATAING
(Notas biográficas)
  Carlos A. López Garcés
Cronista de Altagracia de Orituco

 
Fue uno de los personajes relevantes de la dinámica socio-política orituqueña de la segunda mitad del siglo XIX, de quien solo es factible mencionar algunos elementos, debido a la escasez de informaciones.

1.- Grupo familiar

Nació en Caracas, quizás en 1855. Hijo legítimo de Federico Chataing y Antonia Alonzo, vecinos caraqueños.  Llegó joven a Altagracia de Orituco donde se residenció; aquí contrajo matrimonio eclesiástico el miércoles 1° de mayo de 1878,  previo casamiento civil, con  la señorita Rosa Ana Pérez, una altagraciense nacida  el 13 de septiembre de 1854, hija legítima del señor Juan José Pérez y de doña Catalina Hurtado. La boda fue celebrada en la iglesia de la parroquia Nuestra Señora de Altagracia de Orituco, por un sacerdote no identificado en la partida correspondiente. De este matrimonio nacieron por lo menos dos hijos: Adolfo Isidro, el 15 de mayo de 1879, y Alfredo, el 28 de diciembre de 1880. Además, de acuerdo con comentarios tradicionales que han circulado “sigilosamente” entre pobladores altagracianos, Adolfo Chataing procreó una hija y un hijo mediante una relación afectiva extramatrimonial que mantuvo con María Celestina Adames; esos descendientes naturales fueron:
1-1.-  Carmen Ramona Adames, nacida el 18 de marzo de 1894, casada con Arturo Arias, dedicada a oficios del hogar y a la venta de prendas de oro, adquiridas por su esposo en Guayana;  fallecida el 28 de junio de 1981, a los 87 años de edad, como consecuencia de una cardiopatía crónica que le ocasionó un paro cardíaco.

1-2.- José Ángel Adames, nacido el 31de marzo de 1897, dedicado al cultivo de la intelectualidad y a la educación primaria en una escuela particular que sostuvo durante años; estudió en el seminario con la idea de hacerse sacerdote, sin lograr el objetivo; se conservó célibe; fue vilmente asesinado el 4 de noviembre de 1974 a los 77 años de edad. 
No hay noticias documentadas que sustenten esas paternidades ilegítimas; no obstante, la tumba de Adolfo Chataing, en el Cementerio General de Altagracia de Orituco, está identificada con una inscripción lapidaria que dice textualmente: “Adolfo Chataing / 1950 / Recuerdo de sus hijos / J.A.A. / y Carmen de Arias”. Esta lápida habría sido colocada por José Ángel Adames y su hermana Carmen Adames de Arias, lo que refuerza una información pública según la cual ambos eran hijos de aquel ciudadano.
Es oportuno decir que María Celestina Adames era más conocida sencillamente como Celestina, quien era nativa de Altagracia de Orituco, hija natural de Asunción Adames (¿?/26-08-1888), de oficios domésticos;  falleció a los 85 años de edad, a las dos de la mañana (02:00 a.m.) del 6 de septiembre de 1955 como consecuencia de insuficiencia cardíaca. Tuvo siete hijos naturales más: Petra (1886-1972), Francisca (Panchita) (1889-¿?), Rosa María (1890-1890), Juan Rafael (1895-¿?), Santiago (1899-¿?), Eudoro Antonio (1902-1960) y Felipe Adames. María Celestina tuvo por lo menos una hermana materna: María de Jesús Adames, nacida  el 22 de febrero de 1872.

2.- Identidad política

Adolfo Chataing estuvo identificado políticamente con el caudillaje del general Antonio Guzmán Blanco; esto lo vinculaba con el guzmanismo orituquense, en cuyo seno habría gozado de buena recepción por su prestigio, lo que le habría facilitado su ingreso a la administración pública para ocupar los siguientes cargos:
2-1.-  Ejerció la máxima representación del concejo orituqueño en varias ocasiones, que le sirvieron para asimilar directamente los cambios de nombre de la entidad territorial representada, cuyo epónimo actual es José Tadeo Monagas desde 1889. Presidía el Concejo Municipal del departamento Cedeño, sección Guárico del estado del Centro, a la fecha del 15 de diciembre de 1880, cuando tenía 25 años de edad, aproximadamente; aún ejercía aquella presidencia en febrero de 1881. Desempeñaba nuevamente ese cargo el 31 de diciembre de 1886 y el mismo día y mes de 1887, cuando, desde mediados de 1881, había cambiado la denominación de departamento Cedeño por la de distrito Guzmán Blanco, correspondiente a la sección Guárico del estado Guzmán Blanco.
2-2.- Era el Jefe Civil del distrito en 1885, cuando la epidemia de fiebre amarilla hacía  estragos en pobladores de Altagracia de Orituco, por lo que decidió en septiembre de aquel año, como primera autoridad civil, clausurar el viejo  cementerio local que había sido hecho en 1847 (sito en el lado sur-oeste del cruce de las calles Chapaiguana y Ayacucho, donde ahora funcionan las oficinas de la Corporación Eléctrica Nacional, identificada con el acrónimo CORPOELEC) debido a la saturación por los cadáveres recientes. Esta grave realidad fue determinante para que Chataing, desde el 26 de septiembre de 1885 y aunque la obra estaba inconclusa, abriera al público los servicios del nuevo cementerio, ubicado en el extremo sur de la calle Gil Pulido (empalme con la Vuelvan Caras), cuyo cuartel sur-este estaba completamente lleno de nuevas víctimas de la epidemia en los últimos días de noviembre de ese mismo año, apenas a dos meses de su apertura y cuando ya habían disminuido los devastadores efectos de aquella terrible enfermedad, la más dañina de las padecidas por la población altagraciana del siglo XIX. Debe agregarse que Chataing era, además de la primera autoridad civil del distrito, el presidente de la Junta de Fomento de aquel nuevo cementerio general recién abierto, la cual integraban también Adolfo Antonio Machado y Reinaldo Alva.
Fue un funcionario público caracterizado por la fortaleza de su voluntad para afrontar casos complejos y animar a sus semejantes con el fin de procurar soluciones colectivas, lo que sustentaba su espíritu de solidaridad y de colaboración con sus conciudadanos, sobre todo en los momentos más difíciles y con los más menesterosos, cuando no extrañaba ver que dirigía personalmente esas labores.

3.- Actividad militar

La significación del prestigio político, social y económico de Adolfo Chataing en el Orituco habría sido lo determinante para que fuese incorporado, con el grado de general, a las fuerzas de la Revolución Legalista dirigidas por Joaquín Crespo, con la finalidad de combatir las aspiraciones continuistas y anticonstitucionales del Presidente Raimundo Andueza Palacio. Chataing integró un grupo numeroso de vecinos orituqueños que estuvieron comandados por el general Tomás de Aquino Carballo, quien era amigo personal del general Crespo y fue electo para ejercer esa responsabilidad militar por decisión colectiva de renombrados orituquenses, que estaban en consonancia con aquel movimiento revolucionario crespista, entre quienes destacaban: Ovidio Pérez Bustamante, Eduardo Heraclio Machado, general Venancio Antonio Morín, doctor Luis Pérez B., Tobías Pérez B., Carlos Girón, doctor Luis María Sierra P., José Santiago Sierra, Lorenzo Velásquez Guzmán, Salvador Agustín Sierra P., Francisco Briceño, Leonardo Vargas, Manuel Pescador, Juan Pescador, Luis Felipe Pérez Vargas, Nicanor Velásquez, Antonio María Ramírez, Eustaquio Hernández, Juan Hernández, Benito Hernández, Jesús María Requena R. y  Dalio Hernández, con los cuales fue conformado un ejército de más de dos mil soldados voluntarios orituquenses.
Chataing participó en la Batalla de Chaguaramas el 16 de abril de 1892, cuando fueron derrotados por las fuerzas gubernamentales, que estaban jefaturadas en el oriente del Guárico por el general José Ángel Hernández Ron. Aquel fracaso no amilanó la combatividad de los crespistas  orituqueños, quienes decidieron reorganizarse al mando de Adolfo Chataing, Leonardo Vargas y Francisco Briceño con la formación de dos batallones que fueron incorporados a los generales Wenceslao Casado y Leoncio Quintana, para  marchar hacia Ocumare del Tuy con el objeto de tomar esta población, lo que lograron exitosamente, a pesar de la valiente defensa hecha por el general Antonio Orihuela; pero luego fracasaron en Boquerón frente a fuerzas enemigas.  Sin embargo, combatieron en Valencia, Puerto Cabello y otros lugares para reforzar el triunfo de Joaquín Crespo hasta entrar victoriosos a Caracas. Regresaron al Orituco cuando finalizaba octubre de 1892 y se reincorporaron a sus actividades de rutina. No hay datos que indiquen otras participaciones de Adolfo Chataing en actividades guerreras.

4.- Disparo mortal

El general Adolfo Chataing estaba dedicado a la agricultura, aunque había sido comerciante en sus días de joven veinteañero. Falleció en Altagracia de Orituco, a las cuatro y media de la tarde (04:30 p.m.) del día 16 de abril de 1897 (Viernes Santo), a los cuarentidós años de edad, como “consecuencia de una herida”, según lo anotado en la partida de defunción respectiva, que habría sido  ocasionada por un tiro certero a la cabeza, hecho con un arma de fuego desde la calle y a través de una ventana, cuando estaba rasurándose en su casa de habitación, de acuerdo con informaciones aportadas por la señora Margarita Becea de Ortega, respetable vecina gracitana octogenaria, quien les oyó esa aseveración en varias ocasiones a las hermanas Trina y Luisa Amparo Ortega, cuando conversaban sobre ese caso. Ese habría sido el comentario que circulaba entre familiares, pues las hermanas Trina y Luisa Amparo Ortega, quienes murieron muy ancianas en la séptima década del siglo XX, eran tías de José Ortega Rojas, esposo fallecido de la informante Margarita Becea de Ortega, y primas de Clemente Mauro Ortega, casado con Carmen Luisa Pérez de Ortega, quien era hermana de Rosa Ana Pérez y ésta viuda del general Adolfo Chataing”. No hay noticias conocidas acerca de los pormenores de ese fallecimiento ni sobre el homicida.
Sin embargo, ha circulado una segunda versión acerca de la muerte de Adolfo Chataing. Ángel Metodio Delgado Silva, un altagraciano septuagenario, recordó que su maestro de sexto grado en la Escuela Federal Ángel Moreno de Altagracia de Orituco, el macaireño Tulio Atahualpa Castillo, acostumbraba conversarle a sus alumnos de temas orituquenses; en cierta ocasión les habló del general Chataing y, entre otras cosas, les dijo que éste se había suicidado. Queda la duda, porque tampoco hay datos aclaratorios con respecto a este suicidio.  

5.- Recuerdo perdurable

Adolfo Chataing es el epónimo de una calle principal de Altagracia de Orituco, la cual se extiende a mil quinientos metros de longitud aproximada, en dirección oeste-este, desde la calle Bella Vista hasta la avenida Ilustres Próceres, cerca de la alcabala de la Guardia Nacional; está ubicada paralelamente entre las calles José Martí, por el norte, y la Julián Infante, por el sur. Esa vía ya era conocida como calle Chataing en 1925, cuando se acostumbraba a usar el apellido del epónimo para tales denominaciones. Este nombre perdura como un tributo a  este reputado personaje del Orituco del último tercio del siglo XIX.
No existen datos que aclaren porqué a esa calle le asignaron específicamente esa denominación y no se la dieron a otra; sin embargo, es factible sospechar que la idea de dársela particularmente a esa vía, amén de otras justas razones posibles, habría sido, conforme con la versión del homicidio de Adolfo Chataing, porque el disparo fue hecho hacía su casa desde la calle que luego fue bautizada con su nombre; aunque también puede pensarse en que tal decisión habría estado relacionada, sencillamente, con la ubicación de la vivienda del afamado personaje.

6-  Desaparición del apellido

Hay noticias de la existencia solamente de cuatro personas de apellido Chataing que fueron residentes de Altagracia de Orituco, desde los inicios de esta comunidad hasta el momento de redactar este escrito en noviembre de 2012.  Todas  estuvieron domiciliadas en esa población durante la segunda mitad del siglo XIX. Una fue Adolfo Chataing, quien es el motivo fundamental para la redacción de estas notas biográficas. Otras dos fueron Adolfo Isidro y Alfredo Chataing, hijos de aquel general. La cuarta, de nombre Guillermo Chataing, era un joven de veinticuatro años de edad, casado, comerciante, quien está citado, con esos rasgos de identificación, como la persona que se presentó ante la primera autoridad civil del municipio Altagracia de Orituco, el 18 de julio de 1891, para realizar el registro del nacimiento de la niña Isabel María, hija legítima de Eduardo Orta e Isabel Oramas, lo que había sucedido el 4 de julio de 1891.  No hay datos conocidos que indiquen algún vínculo familiar, amistoso o de cualquier otra naturaleza, de ese Guillermo Chataing con Adolfo Chataing, quien era un muchacho de apenas doce o trece años de edad cuando nació Guillermo.
El apellido Chataing perdura en el Orituco solo como el epónimo de la calle mencionada anteriormente. Ese apelativo desapareció de tierras orituqueñas por causas desconocidas. Se ignora el destino de los hijos legítimos de Adolfo Chataing. Los descendientes naturales no tuvieron hijos; siempre vivieron en Altagracia de Orituco, donde murieron y con ellos se extinguió la descendencia de Chataing en suelo orituqueño.

 
    General Adolfo Chataing Alonzo

(¿1855?-1897)


  Tumba del general Adolfo Chataing, quien falleció el 16 de abril de 1897. Está ubicada en el Cementerio General de Altagracia de Orituco, el cual comenzó oficialmente a funcionar, aún inconcluso, el 26 de septiembre de 1885, por decisión de este ciudadano cuando fungía como primera autoridad civil del otrora distrito Guzmán Blanco y Presidente de la Junta de Fomento de dicha obra. Foto: C.L.G., viernes 24-08-2012. 


 

 Calle Adolfo Chataing de Altagracia de Orituco.  A la izquierda  se observa la casa que fue habitación del epónimo de esta vía, donde él falleció el 16 de abril de 1897 en circunstancias dudosas. Esta vivienda hace esquina con la calle Bolívar. Ha sido modificada varias veces; desde los años ochenta del siglo XX es la sede de la Policlínica del Llano C.A. (Foto: C.L.G., sábado 17-11-2012).


 Calle Adolfo Chataing de Altagracia de Orituco, estado Guárico.

 Desde el otrora  cerro  de  Venancia,  a  pocos  metros  delante  del
 empalme con la calle Bella Vista. (Foto: C.L.G., sábado 17-11-2012)




Firma del general Adolfo Chataing, Presidente del Concejo Municipal del otrora distrito Guzmán Blanco, estampada el 31 de diciembre de 1886, en el último folio del libro de defunciones del antiguo municipio Altagracia de Orituco correspondiente al año 1887. El Presidente del Concejo tenía la facultad de abrir los libros de registro de partidas de nacimientos, defunciones y matrimonios de los diferentes municipios que integraban el distrito respectivo. (Foto: C.L.G., jueves 20-09-2012)