viernes, 3 de enero de 2014

El PARQUE SENDREA EN ORITUCO



El PARQUE SENDREA EN ORITUCO

Carlos A. López Garcés
Cronista de Altagracia de Orituco


            La municipalidad del otrora distrito Monagas del estado Guárico construyó un parque en Altagracia de Orituco, con el fin de honrar la memoria de monseñor doctor Felipe Neri Sendrea, por iniciativa del Dr. Pedro María Arévalo Cedeño(1). No está claro cuándo surgió esta idea ni cuándo fue ejecutada. Sin embargo, es factible suponer que ya había sido “construido” en el cuarto trimestre de 1927, porque está mencionado en dos fuentes confiables que datan de aquellos días, una de las cuales es la partida de defunción de Ana Álvarez Pérez, quien tenía 25 años de edad y era soltera cuando falleció a las seis de la tarde (6 p.m.) del 15 de octubre de 1927, en el parque Sendrea (sic) de Altagracia de Orituco, a causa de enfermedad mal definida(2); la otra fue fechada el 10 de noviembre de 1927, cuando el Concejo Municipal monaguense, presidido por el Dr. Pedro María Arévalo Cedeño, acordó la construcción de la avenida Fernando Acosta en Altagracia de Orituco, para lo cual ese parque fue uno de los sitios de referencia, según el primer artículo de aquel acuerdo que dice así:

            “Art. 1°. Constrúyase una avenida en la extremidad occidental de la calle           ‘Ilustres Próceres’, de esta ciudad [Altagracia de Orituco] que, partiendo del parque            ‘Sendrea’, termine en las últimas casas de la citada calle.”(3)

Es pertinente aclarar que las últimas viviendas de la calle Ilustres Próceres estaban próximas al cruce de esta vía con la Julián Mellado (otrora  calle de la Rehabilitación), en la llamada antiguamente esquina de Toledo, cuyo nombre derivó del apellido de la familia que habitaba la casa donde ahora está la capilla del Carmen. Esa avenida tenía por objeto “…honrar la memoria de Don Fernando Guillermo Acosta Paz Castillo, defensor de los ejidos de esta ciudad [Altagracia de Orituco] y propulsor del progreso de la comunidad”, según lo dicho en el artículo 2° del acuerdo precitado. Habían transcurrido seis años y medio del fallecimiento del obispo Felipe Neri Sendrea, para el momento de aquel acuerdo; su deceso ocurrió el 9 de mayo de 1921.

Para la hechura del parque habría sido dispuesto inicialmente un terreno ubicado en el barrio La Playera, entre las calles Pellón y Palacio e Ilustres Próceres, donde, al parecer, aún permanecía en diciembre de 1932 o al menos ese espacio era identificado todavía con ese epónimo, de acuerdo con la deducción que puede hacerse de un primer cartel de remate, publicado en el periódico El Grillo, que circulaba entonces en Altagracia de Orituco y en cuyo texto está mencionado el “Parque Sendrea”.  Esa publicación dice lo siguiente:
             Primer Cartel de Remate. Estados Unidos de Venezuela.- Estado Guárico.-       Juzgado del Distrito Monagas.- Altagracia de Orituco: 3 de diciembre de 1932. 123°   y 74°. SE HACE SABER: Que por comisión del Juzgado de 1ª Instancia de este        Circuito Judicial, en el Juicio Ejecutivo intentado por Benigno Delgado contra Tito      Orosco [sic] Jiménez e Iginio Rafael Yerena, se venderá en remate judicial, en su          oportunidad legal, una casa propia para habitación de familia y con departamento para comercio, con armadura y mostrador, la cual está situada en esta ciudad,      dentro de los siguientes linderos: Norte, casa que fué [sic] de Francisco Ojeda, hoy      de Alejandro Carías; Naciente, casa que fué [sic] de Joaquín Zanotty, hoy de       Fernando Machado García; Sur, que es su frente, la calle ‘Pellón y Palacio’, en             medio y ‘Parque Sendrea’, al frente y Poniente, calle llamada ‘La Playera’. Dicho   remate versará sobre la propiedad para con su producto pagar al demandante             cantidad de bolívares y las costas de esta ejecución. Los demás informes se darán        oportunamente. El Juez, J.F. GARCIA SARMIENTO. El Secretario, Pedro V.        Coronado.”(4)
No hay datos conocidos ni confiables acerca de las características del parque Sendrea en ese lugar, de donde fue mudado, en días imprecisos todavía y por razones desconocidas, a un lugar ubicado en el ángulo sur-oeste del cruce de las calles José Martí y Julián Mellado, diagonal con la plaza Bolívar, donde está situado desde hace más de sesenta años. Este espacio estaba ocupado por vegetación baja o arbustos en el año 1902, según puede observarse en una fotografía del genial Henrique Avril, publicada en la revista El Cojo Ilustrado  que circuló en  Caracas el 1° de septiembre de 1902(5).
El parque fue construido en este nuevo sitio sobre una superficie rectangular de trescientos ochenticuatro metros cuadrados (24 m X 16 m = 384 m²), aproximadamente; a mediados del siglo XX tenía las siguientes características: una avenida perimetral y dos transversales, en cuya intersección, que era su centro, estaba colocado un busto de granito de monseñor Felipe Neri Sendrea sobre un pedestal; varios bancos dispuestos simétricamente en las avenidas transversales; cuatro jardines circunscritos por las avenidas, donde resaltaba un pino Caribe en cada uno de ellos, amén de arbustos y otras plantas ornamentales; cercado con barandas de algo menos de un metro de altura, fabricadas con concreto como las avenidas, el pedestal y los bancos;  tres vías de entrada y de salida, de paso restringido por dos cadenas de hierro respectivamente, que pendían por sus extremos de ganchos específicos para ello, con lo cual se impedía la entrada de burros, caballos, vacas, etcétera, que entonces deambulaban por las calles altagracianas con mucha frecuencia, sobre todo en horas nocturnas; estas cadenas fueron retiradas años después, cuando ya el tránsito de esos animales había disminuido considerablemente. 
El parque fue modificado en el primer semestre de 1964, por decisión del Concejo cuando el bachiller Alí de la Cueva ejercía la presidencia de ese órgano municipal, de acuerdo con nota publicada en la página 4 del periódico orituqueño Topano N° 3, correspondiente al mes de julio de ese año, en la cual puede leerse:
            “El Concejo Municipal, que tenía más de un lustro de letargo, al fin ha    despertado bajo la dirección de su activo Presidente, Br. Alí de la Cueva, y es así       como ya ha construido un parque infantil, diagonal con la esquina sur-oeste de la       Plaza Bolívar…”(6)
Sin dudas, el comentario precedente está relacionado con el parque Sendrea; lo indica la ubicación con respecto a la plaza Bolívar. Entonces lo convirtieron en parque infantil, mediante la instalación de equipos de sube y baja, un tobogán, columpios, una rueda giratoria y varios bancos de hierro con listones de madera atornillados; además: eliminaron las avenidas y la cerca, que eran de concreto; talaron los pinos, quitaron los jardines y sembraron perimetralmente algunas plantas ornamentales pequeñas; dejaron el piso de tierra, recubierto con piedra picada suelta; instalaron luminarias nuevas y lo cercaron con una malla metálica, de alambre galvanizado, marca Alfajol, sostenida por arcos de metal(7). El busto de Sendrea aún existía en el parque en junio de 1967, pero desapareció, lamentablemente. El escultor y pintor calaboceño Martín Leonardo Funes fue el autor de esa apreciable obra escultórica(8).
El parque fue objeto de nuevos trabajos de remodelación varios meses más tarde. Los implementos de diversión infantil y la cerca metálica fueron retirados; le rehicieron las avenidas y los jardines internos; le instalaron nuevos bancos, nuevos postes y nuevas  luminarias; le reconstruyeron el pedestal, pero estuvo sin busto por largo tiempo, hasta que fue instalado uno de bronce de origen desconocido; le construyeron dos paredes de tres metros de altura aproximada, una al sur y otra al oeste, para delimitarlo de las casas vecinas; lo cercaron con jardineras bajas, donde sembraron plantas ornamentales pequeñas, que fueron dañadas por algunas personas que acostumbraban sentarse en estas jardineras, donde lanzaban semillas de mamones recién degustados, lo que ocasionó el nacimiento y desarrollo de varios de esos árboles allí, los cuales proporcionaban agradable sombra que era aprovechada por los visitantes; sin embargo, las jardineras se dañaron como consecuencia del engrosamiento de los tallos de aquellas plantas frutales. Así se mantuvo durante varios años, hasta que, acaso en 1997, cuando el alcalde era Eusebio Dager Boyer (El Negro) y con la coordinación de Próspero Julián Infante Marrero a nombre de una modesta empresa contratista, fueron ejecutadas labores de reconstrucción del parque, que incluían: renovación de avenidas, jardines, bancos de concreto, postes, luminarias, plantas ornamentales sin inclusión de arbustos; tala de mamones y sustitución de jardineras perimetrales por aceras para facilitar el paso directo por cualquiera de sus dos lados (norte y este). Lo curioso fue que las placas de mármol con datos identificadores del epónimo estuvieron desaparecidas muchos años; solo apareció una que fue reinstalada, supuestamente, en 2011, cuando la alcaldía estaba representada por la doctora María Chacín. En esta placa dice, sin identificar al personaje: “Nació en los Puertos de Altagracia, distrito Miranda, estado Zulia, el 27 de septiembre de 1844”(9). La otra, donde estaba tallado el nombre de Felipe Neri Sendrea, no fue posible encontrarla; al parecer, la dañaron cuando la desmontaban; tampoco ha habido la oportunidad para sustituirla (hasta la fecha de revisar estas notas en diciembre de 2013).

El parque Sendrea ha sido tradicionalmente un lugar de diversa utilidad para la población altagraciana. Servía de pista de patinaje a jóvenes adolescentes, sobre todo en temporadas decembrinas de la sexta década del siglo XX, cuando los más expertos demostraban sus admirables habilidades de excelentes patinadores, como lo fueron, por ejemplo, Isidro Leobaldo Osío Carpio (alías El Negrito Osío) y Miguel Aguilar, quienes, afanados por competir sanamente entre sí, desarrollaban mucha velocidad sobre sus resistentes Winchester metálicos y la aprovechaban para hacer distintas piruetas, por lo que convertían esa competencia en un espectáculo sorprendente. Algunos estudiantes del Liceo Ramón Buenahora lo utilizaban durante las noches en jornadas preparatorias para la presentación de exámenes mensuales, parciales, finales y/o de reparación, que debían rendir satisfactoriamente como requisito académico. Se conserva todavía como sitio de tertulianos, con la participación de intelectuales, políticos y otros interesados en el intercambio de saberes, amén de mantenerse como punto de referencia para encantadores encuentros amorosos y como “testigo inerte” de frustrantes desencuentros pasionales.   

Llama la atención que el terreno que ocupaba el parque Sendrea en La Playera permaneció durante muchos años sin tener otra utilidad colectiva distinta a la de servir regularmente como cancha improvisada de bolas criollas, donde se reunían lugareños a “pasar el rato” practicando ese juego a la sombra de varios árboles frondosos crecidos allí (ceibas, caros, etcétera). Así fue hasta la última década del siglo XX, cuando el Concejo lo destinó para la construcción del parque Manuel Ríos.


REFERENCIAS Y NOTAS
(1) SOSA: Topano. Año I – N° 10. Altagracia de Orituco, mayo de 1965, p. 1. IBÍDEM: 1991, p. 7.

(2) R.C.M.J.T.M.: Partida de defunción de Ana Álvarez Pérez. Libro de defunciones. Año 1927. Acta N° 141, folio 40.

(3) Topano. Año II – N° 17. Altagracia de Orituco, julio de 1966, p. 2.
Observación: Léase sobre este mismo dato del parque Sendrea en ARÉVALO: 2012, p. 82.

(4) Hoja suelta del periódico El Grillo, que circulaba en Altagracia de Orituco en           1936.

(5) El Cojo Ilustrado. Año XI – N° 263.  Caracas, 1° de septiembre de 1902, p. 735.

(6) “Obras municipales en Altagracia de Orituco”. Topano. Año I – N° 3. Altagracia de Orituco, julio de 1964, p. 4.

(7) DOMINGUEZ: Conversación telefónica. Altagracia de Orituco-Maracay, 13 de septiembre de 2013. 

(8) “Parque Chapaiguana”. Topano. Año II – N° 21. Altagracia de Orituco, junio de 1967, p. 2. MARTÍNEZ. Topano.  Año II – N° 17. Altagracia de Orituco, julio de 1966, p. 4.

(9) Felipe Neri Sendrea nació el 27 de agosto de 1844 (no en septiembre) y su nombre correcto era Felipe Neri Sandrea Caraballo, según datos localizados por Pedro Luis Padrón, Cronista de Los Puertos de Altagracia, estado Zulia, y Julio César Franco, en los libros eclesiásticos de la parroquia Nuestra Señora de Altagracia en Los Puertos de Altagracia. Estas noticias fueron citadas por Manuel Soto Arbeláez en su trabajo “Orígenes de Felipe Nery Sendrea Caraballo, Segundo Obispo de Calabozo”, publicado en la página 16 del periódico El Reportero, editado por Misael Flores y Ezequiel Rojas, que circuló en San Juan de los Morros, en agosto de 2011.
   

FUENTES

Documental

Registro Civil del Municipio José Tadeo Monagas. Altagracia de Orituco, estado Guárico. (R.C.M.J.T.M.)

            Partida de defunción de Ana Álvarez Pérez. Libro de defunciones. Año 1927. Acta          N° 141, folio 40.

Bibliográficas

ARÉVALO, Pedro Natalio. Calles, sitios y aleros de Altagracia e Orituco. Sistema Nacional de Imprentas del Estado Guárico. Fundación Editorial El Perro y La Rana. Colección José Antonio De Armas Chitty. 2012.

Hemerográficas

AVRIL, Henrique. Fotografía de la Casa de Gobierno de Altagracia de Orituco. El Cojo Ilustrado. Año XI – N° 263.  Caracas, 1° de septiembre de 1902, p. 735.

“El Concejo Municipal del Distrito Monagas”. Topano. Responsables: José Francisco Martínez Armas y Luis Emilio Infante. Año II – N° 17. Altagracia de Orituco, julio de 1966, p. 2.

El Grillo, periódico que circulaba en Altagracia de Orituco en 1936 (hoja suelta sin más datos).

MARTÍNEZ, José Francisco. “Grupo escultórico de los fundadores del Colegio Guárico”. Topano. Responsables: José Francisco Martínez Armas y Luis Emilio Infante. Año II – N° 17. Altagracia de Orituco, julio de 1966, p. 4.

“Obras municipales en Altagracia de Orituco”. Topano. Responsables: José Francisco Martínez Armas y Luis Emilio Infante. Año I – N° 3. Altagracia de Orituco, julio de 1964, p. 4.

“Parque Chapaiguana”. Topano. Responsables: José Francisco Martínez Armas y Luis Emilio Infante. Año II – N° 21. Altagracia de Orituco, junio de 1967, p. 2.

SOSA, Sixto. “A la memoria del Dr. Pedro María Arévalo Cedeño”. Topano. Responsables: José Francisco Martínez Armas y Luis Emilio Infante. Año I – N° 10. Altagracia de Orituco, mayo de 1965, p. 1.

SOSA, Sixto. “A la memoria del Dr. Pedro María Arévalo Cedeño” en: Dr. Pedro María Arévalo Cedeño (una vida consagrada al bien común). Altagracia de Orituco. Publicaciones de la Fundación ‘Dr. Pedro María Arévalo Cedeño’, N° 6, 1991, p. 7.


Informaciones orales:

DOMINGUEZ, Luis. Conversación telefónica. Altagracia de Orituco-Maracay, viernes 13 de septiembre de 2013, hora 06:10 p.m.

AVILA PALACIO, Agustín. Conversación. Altagracia de Orituco, sábado 28 de septiembre de 2013.                 

miércoles, 18 de diciembre de 2013

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA PARTICIPACIÓN DE UN EJÉRCITO DE ORITUCO EN LA BATALLA DE CHAGUARAMAS DE 1892



ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA PARTICIPACIÓN DE UN EJÉRCITO DE ORITUCO EN LA BATALLA DE CHAGUARAMAS DE 1892



Carlos A. López Garcés
Cronista de Altagracia de Orituco


“…Era necesario pelear y se peleó  […]  toca a los testigos
presenciales de los hechos, hacerlos conocer con precisión…”
Dr. Luis Pérez Bustamante
(El Radical. Caracas, 22-11-1892)

Nota previa
            Este trabajo corresponde a la ponencia presentada en el IV Encuentro de Cronistas, Historiadores e Investigadores en Chaguaramas 2013, celebrado el viernes 18 de de octubre de 2013, en la Escuela San Lorenzo Mártir, con la coordinación de don Pedro Ramón Castillo García, Cronista Municipal.
1.- Precedentes
            El propósito del doctor Raimundo Andueza Palacio de continuar como Presidente de la República por un nuevo e inmediato período, reformando y violando la Constitución de 1891 que  preveía la permanencia durante dos años en ese cargo, a lo cual se aunaba  la represión gubernamental contra sus opositores, mediante el atropello a la libertad de expresión, el encarcelamiento y destierro de periodistas, el apresamiento arbitrario de congresistas y de otros adversarios, etcétera, fueron factores que sobresaturaron la tolerancia política popular y complicaron tanto el ambiente nacional en el comienzo de la última década del siglo XIX, que incrementaban la opinión colectiva favorable al crespismo(1), cuyos partidarios más comprometidos denunciaron públicamente aquella intentona continuista, solicitaron que se defendiera la constitucionalidad(2) y se agruparon alrededor del general Joaquín Crespo, quien, según el historiador y académico Ramón J. Velásquez, consideró, desde su hato El Totumo en las cercanías de San José de Tiznados, estado Guárico, que la reforma debía entrar en vigencia en el año 1894, porque hacerlo de manera inmediata para favorecer la reelección de Andueza Palacio era una decisión que atentaba contra las instituciones republicanas(3).

            Agregó el historiador Velásquez que Crespo se declaró representante legalista y, con la finalidad de incitar la revuelta popular, se autotituló “…‘Diputado del Congreso de la República y soldado de la ley, designado por el favor de sus colegas y el espontáneo consentimiento de sus compatriotas y jefes militares más connotados de Venezuela, para dirigir en jefe el Ejército Nacional, en esta lucha del pueblo contra los usurpadores de su soberanía’...”(4)

2.- Un ejército en Orituco
            El llamado de Crespo repercutió a su favor en Orituco, donde un grupo numeroso de renombrados ciudadanos se alistó en las filas crespistas; entre ellos destacaban: Ovidio Pérez Bustamante, Eduardo Heraclio Machado, general Venancio Antonio Morín, doctor Luis Pérez Bustamante, Tobías Pérez B., Carlos Girón, doctor Luis María Sierra P., José Santiago Sierra, Lorenzo Velásquez Guzmán, Salvador Agustín Sierra P., Francisco Briceño, Leonardo Vargas, Adolfo Chataing, Manuel Pescador, Juan Pescador, Luis Felipe Pérez Vargas, Nicanor Velásquez, Antonio María Ramírez, Eustaquio Hernández, Juan Hernández, Benito Hernández, Jesús María Requena R., Dalio Hernández, Luis D’Suze, Ramón Hurtado Sánchez, Fernando Piñango, Eliseo Díaz, Emilio Pérez, Luis Latouche, Reyes Ascanio, Wenceslao Azuaje, Mendoza Moreno, Pedro J. Ledezma, Francisco Sosa, Eliseo Berroterán, José Gregorio Díaz, Ramón Bravo, Juan de la R. Velásquez, Manuel Prieto, Pablo Figueredo, Benigno Riobueno, José Pantoja, Gabriel Infante, Patricio Figueredo, Vicente Pachano y otros, quienes eligieron al general Tomás de Aquino Carvallo como su principal comandante en el oriente guariqueño(5), lo que después fue confirmado por el general Joaquín Crespo, máximo conductor de la Revolución Legalista(6). 
            No están claras las razones que influyeron para la designación de Tomás de Aquino Carvallo como comandante de las tropas orituqueñas del ejército crespista, con las cuales debía enfrentar a las fuerzas gubernamentales en el oriente del Guárico, que estaban dirigidas  por el general José Ángel Hernández Ron(7). Sin embargo, debe decirse que algunos elementos favorables habría tenido Carvallo, además de sus posesiones agropecuarias consolidadas y su buena reputación social, para que sobre él, un hombre de 57 años de edad, recayera aquel compromiso fundamental, porque no era político ni militar ni jamás había vivido del erario público, pero era amigo personal de Crespo, a quien optó por apoyar como Jefe Supremo de la Revolución Legalista y decidió convertirse en “su subalterno más adicto y desinteresado”, según lo hizo saber públicamente(8).
3.- Marcha sobre Chaguaramas
            Carvallo, de seguidas a su designación como comandante de aquellas fuerzas,  procedió  a organizarle los mandos e hizo los siguientes nombramientos: jefes de ellas a los generales Adolfo Chataing y Ovidio Pérez Bustamante; Jefe de Cuerpo a José Antonio Sierra, Leonardo Vargas, Venancio Antonio Morín, Ramón Hurtado Sánchez, Francisco Briceño, Fernando Piñango y Juan Pescador; Jefe de la Caballería al coronel Carlos Girón; Jefe del Estado Mayor al doctor Luis Pérez Bustamante y Sub-jefe del Estado Mayor al doctor Luis María Sierra. Inmediatamente ordenó la salida  de comisiones a San Casimiro, Chaguaramas y otros lugares del Llano para convenir lo apropiado con los partidarios de la rebelión legalista(9).
            El cronista gracitano Adolfo Antonio Machado escribió que Carvallo pudo reunir en Altagracia de Orituco una gran cantidad de voluntarios que se unieron a la insurrección contra el continuismo anduecista, con los cuales formó un ejército tan heterogéneo como mal equipado, mal organizado y peor disciplinado, cuya mayoría de integrantes no era de procedencia castrense sino hombres dedicados a la ciencia, a las letras, a la agricultura, al comercio, a la artesanía y otras actividades diferentes a las milicianas(10).

             Apenas seis días fueron suficientes para que Carvallo organizara completamente el ejército, con el cual salió para Libertad de Orituco, donde se le incorporaron las fuerzas de Francisco Briceño y Fernando Piñango, con las cuales formó un cuerpo de 1.300 hombres, plaza de infantería y caballería, equipado lo mejor posible, aunque sin elementos de guerra necesarios para emprender una campaña definitiva, según su propia confesión(11); no obstante estas condiciones deficientes, en aquel ejército habría predominado el entusiasmo frenético el 15 de abril, cuando se decidió marchar sobre Chaguaramas contando con el contingente del general José Camejo, quien había notificado, oficialmente y por escrito, su pronunciamiento a favor de la Revolución(12).
4.- Informaciones de los gobiernistas
            La movilización del ejército de Carvallo era conocida por las fuerzas del gobierno anduecista, según puede deducirse de dos telegramas relacionados con el caso:
             Uno, con carácter “urgentísimo”, fechado en Chaguaramas el 14 de abril de 1892 y dirigido al Jefe Civil por H. Marrero, para notificarle que acababa de recibir información segura de la movilización hecha la tarde del día anterior por la facción de Orituco desde Lezama hacia Libertad, donde se incorporaron Fernando Piñango, Francisco (Pancho) Briceño y José Cabeza, con rumbo a Chaguaramas y una fuerza compuesta, aproximadamente, por no menos de mil y pico de hombres de infantería, 400 armas y alguna caballería(13).
            El otro, datado en La Pascua en abril de 1892, quizás el día quince, dirigido por el general José Ángel Hernández Ron, jefe de operaciones gobiernistas, al señor doctor Raimundo Andueza Palacio, Presidente de la República, y en el cual le informa acerca de su situación de entonces en los siguientes términos: que había salido de Tucupido en la mañana de ese día, con 100 infantes y un piquete de caballería; que en La Pascua había recibido su telegrama de esa misma fecha, con la instrucción de combinarse con los generales Pacheco y Rangel para atacar y destruir totalmente a la facción dirigida por Guerra en Camatagua y San Sebastián; que él, según las indicaciones recibidas, habría podido concurrir a Altagracia de Orituco con 400 hombres de infantería y 300 de caballería, con la advertencia del muy mal estado de los caballos; que, como le había participado desde Tucupido, tenía en frente de Chaguaramas a la facción de Orituco, formada por mil y pico de hombres dirigidos por Tomás de Aquino Carvallo, de acuerdo con el espionaje realizado y la fidelidad de los informes presentados, motivo por el cual no podía dejar atrás a ese enemigo para concurrir a la combinación de Altagracia; que acababa de recibir un telegrama de los jefes gobiernistas de Chaguaramas, en el cual le decían que esperaban ser atacados por la facción de Carvallo al día siguiente; que esa misma tarde se enrumbó hacia Chaguaramas con el refuerzo que llevaba para reconcentrar las tropas en esta población, desde donde avanzaría con ellas pretendiendo derrotar a la facción de Carvallo en Libertad de Orituco, a fin de despejar el camino y ocupar la plaza de Altagracia de Orituco el día miércoles;  pero no tenía la seguridad de lograr este objetivo porque no podía prever el resultado de ese enfrentamiento, por lo que consideraba la conveniencia de alertar a los generales Pacheco y Rangel para que actuaran contra la facción de Guerra, aun con aquella inseguridad(14).
5.- Batalla de Chaguaramas
            El 16 de abril en la mañana estaba el ejército comandado por Carvallo enfrente de Chaguaramas, cuya plaza había sido reforzada con las fuerzas del general Hernández Ron, compuestas por más de 700 hombres armados de rémington, lo que no neutralizó en los rebeldes la definitiva decisión de combatir. Aunque parezca paradójico, aquella superioridad del enemigo incrementaba el entusiasmo general crespista, tanto que no hubo soldado sin deseos de atacar la población ni con razones para no hacerlo, por lo que fue ordenada  la ejecución del plan de ataque(15), según el cual José Santiago Sierra comandaba la vanguardia que entró a la población para atacar al enemigo por la retaguardia, mientras que el general Ovidio Pérez Bustamante defendía la posición del general Tomás de Aquino Carvallo, quien dirigía la ejecución de lo planeado, junto con el general Adolfo Chataing y el doctor Luis Pérez Bustamante, Jefe del Estado Mayor(16).
            La batalla comenzó a las nueve de la mañana y se mantuvo durante dos horas y media(17). Tanto los jefes y oficiales como los soldados del ejército orituqueño crespista iban impregnados del valor que les daba la convicción de defender una causa justa, según palabras del general Carvallo, quien agregó que las cargas fueron tan repetidas que forzaron a los anduecistas a replegarse hacia el centro de la población, donde, amparados en las casas y bocacalles, se defendieron con valor, lo que motivó que el combate fuese muy reñido, que durara más tiempo del previsto, que a los hombres de Carvallo se les agotara el poco pertrecho que tenían y que muchos de ellos fallecieran en combate; estas circunstancias los obligaron a retirarse con seguridad, contando con una defensiva bien organizada para resistir un nuevo enfrentamiento, en caso de que así lo intentara el enemigo; sin embargo, esto no sucedió, pues el adversario no salió de la población, quizás por temor a ser atacado por la caballería del general José Camejo, quien, en el sitio de La Loma, al sur de la población, estaba preparado para actuar en caso de ser necesario(18).
6.- Resultados de la batalla
            Es oportuno reseñar que los oficios eclesiásticos en Chaguaramas correspondientes a la Semana Santa de 1892, que estaba prevista del 10 al 17 de abril según el calendario, habrían sido desarrollados muy irregularmente, de manera muy inquietante, muy preocupante, muy incómoda, en un ambiente hostil, motivado por la tensa situación política nacional, vinculada con el grito de guerra dado por Crespo para enfrentar decididamente la pretensión continuista de Andueza Palacio. La situación debió de ser demasiado grave para los chaguarameros aquel 16 de abril, que era Sábado Santo, cuando los oficios religiosos habrían sido suspendidos debido al combate que comenzó ese mismo día a las 9 de la mañana, ocurrido en pleno centro del pueblo, con la plaza como principal sitio de la contienda, en cuyo lado este estaba la iglesia (aún lo está), y donde, por razones obvias, era imposible realizar alguna actividad religiosa; pero sí hubo factores circunstanciales coincidentes y determinantes para que sucediera  un hecho bélico en la población citada, cuya resultancia puede ser evaluada considerando los tres elementos básicos mencionados a continuación:
            6-1.- Bajas de los bandos enfrentados
            6-2.- Causas de la derrota orituqueña
            6-3.- Consecuencias políticas
                       
6-1.- Bajas de los bandos enfrentados
            La  batalla de Chaguaramas ocasionó numerosas pérdidas humanas en las fuerzas crespistas orituqueñas, entre las cuales fueron contadas las de importantes jefes y las de varios jóvenes comerciantes, artesanos, agricultores y otros voluntarios; hubo más de cien víctimas de su valerosidad y de su atrevimiento a batallar sin armas apropiadas y solo con machetes, lanzas y otros palos(19). Muy sentidas fueron las muertes de tan arrojados combatientes; entre ellas resaltaron las de los generales José Santiago Sierra y Antonio María Ramírez, el comandante Pedro Paredes, los capitanes Justo Sosa y Manuel Sierra Escalante y los soldados voluntarios Andrés Sierra, Gerónimo Avilés, Romualdo Flores y otros más(20).
            El general macaireño José Santiago Sierra fue un ejemplo de intrepidez; él tuvo la responsabilidad de comandar la vanguardia para entrar a la población y enfrentar al enemigo por la retaguardia; en cumplimiento de aquella orden, había logrado arrollar a los adversarios que encontraba a su paso, obligándolos a retroceder hasta la plaza, a la cual intentaba tomar yendo por detrás de la iglesia y avanzando por el callejón de los Manuitt para enfrentar al general José Ángel Hernández Ron, quien ofrecía intensa resistencia en el perímetro de la plaza y le ocasionó varias bajas a Sierra; éste se vio impelido a retroceder, pero con el mismo frenesí, quizás estimulado por algunos tragos de aguardiente ingeridos antes del combate, pasaba por el frente de la casa del padre Juan Antonio Del Corral, párroco de la localidad, con la intención de tomar la plaza por otro ángulo, cuando cayó de la mula al recibir un disparo mortal en la cabeza, hecho por el enemigo desde la esquina de la cárcel. Con este fenecimiento había comenzado la derrota, pues se desarticuló la posibilidad de lograr el objetivo de dominar la plaza(21).
            El comandante Pedro Paredes, armado con un machete, fue víctima de una distracción suya en un duelo personal con Narciso Camero (Narcisote), quien lo atravesó de un lanzazo después de hacerle creer que lo atacarían por la espalda, en una suerte trágica de mayor habilidad(22).
            El general Antonio María Ramírez, junto con los generales Tomás de Aquino Carvallo y Adolfo Chataing, estaba en las afueras de Chaguaramas observando las tácticas del combate, cuando supo de las muertes del general José Santiago Sierra y del comandante Pedro Paredes; trataba de ingresar a la población para cerciorarse de aquellos hechos, cuando recibió casualmente un balazo en un ojo sin dañarle el cráneo, que fue disparado a larga distancia, lo derribó de la mula y le ocasionó la muerte dos días después(23).
            Por otra parte, muchos de aquellos combatientes del ejército crespista orituqueño resultaron lesionados; entre ellos estaban: el general Lorenzo Velásquez Guzmán y los capitanes José Salustiano Ramírez, Cándido Orozco Echezuría y Enrique Machado; además, Andrés Moreno (alias Campo Alegre), Marcos Ochoa y un hermano suyo, Narciso Flores, José de la Cruz López (alias Cable), Juan Castrillo y otros más.  Los tres primeros citados en la lista anterior quedaron apresados por el enemigo;  mientras que el general Adolfo Chataing logró sacar al capitán Machado hasta la orilla de la población(24).
            Debe decirse asimismo que: aún cuando no hay noticias confiables y conocidas públicamente que sirvan para enterarse de las bajas sufridas por el bando anduecista, es factible suponer la pérdida de 15 hombres como mínimo, entre muertos y heridos, en cuya posesión habrían estado las “15 bocas de fuego” que los crespistas le habrían quitado al enemigo, de acuerdo con informaciones  aportadas por el propio general Tomás de Aquino Carvallo(25).
6-2.- Causas de la derrota orituqueña
            La responsabilidad de los resultados adversos para las fuerzas orituqueñas en la batalla de Chaguaramas recayó sobre su principal comandante, el general Tomás de Aquino Carvallo, a quien se le atribuyó su incompetencia militar como causa primaria de aquel fracaso, por varias razones elementales, entre las que resaltan las cuatro siguientes:
1ª.- Desventajas. Consumadas en el hecho de haber permitido la participación de sus fuerzas en condiciones desventajosamente inferiores con respecto a la superioridad de las tropas enemigas, porque apenas contaba con 84 hombres bien armados y 159 escopetas medianamente útiles, mientras que el resto de los 1.300 hombres que comandaba no combatieron por la falta de armamento, a diferencia de los adversarios que contaban con 700 hombres bien armados con rémington, gran cantidad de otros pertrechos, protegidos por trincheras de acapro y por casas aspilleradas(26).
2ª.- Impuntualidad. Los generales Tomás de Aquino Carvallo y José Camejo habían acordado ubicarse estratégicamente enfrente de Chaguaramas el día 16 de abril de 1892, a las cinco de la mañana, para iniciar la batalla a esa hora; el primero estaría al norte de la población y el segundo al sur, en el sitio La Loma de Paja Brava, a tres o cuatro cuadras de distancia; sin embargo, la puntualidad del general Camejo contrastó con el excesivo retardo del general Carvallo, quien llegó al lugar convenido a las nueve de la mañana, cuando ya el general Hernández Ron había avanzado hasta Chaguaramas con un refuerzo de 200 hombres(27).
3ª.- Desinformación. La presencia de Hernández Ron y sus hombres en Chaguaramas no había sido prevista ni conocida oportunamente por el general Tomás de Aquino Carvallo ni por la oficialidad del ejército crespista orituqueño; pero cuando comenzó el combate ya estaban enterados de aquella novedad(28).
4ª.- Subestimación. El general Tomás de Aquino Carvallo optó por ordenar la ejecución del plan de combate, inducido por el gran entusiasmo imperante en sus hombres para combatir, quizás estimulados por el consumo de algunos tragos de aguardiente, lo cual habría decidido ante una posible subestimación generalizada del enemigo. Ese entusiasmo predominó ante el raciocinio y el discernimiento, que ordenaban la discreción con respecto a una evidente realidad en el seno de sus fuerzas, como lo era la falta de armamentos, municiones y demás pertrechos indispensables para una acción bélica de aquella magnitud(29). 
6-3.- Consecuencias políticas
            Algunos autores, entre ellos el gracitano Adolfo Antonio Machado y el sanjuanero Víctor Manuel Ovalles, consideraron que la batalla de Chaguaramas fue un fracaso para las fuerzas orituqueñas(30); sin embargo, su principal comandante, general Tomás de Aquino Carvallo, en una relación suya con respecto a aquel combate y publicada en El Radical N° 611, de fecha 3 de diciembre de 1892, refiriéndose a una afirmación del jefe anduecista  del oriente del Guárico, comentó que el general Hernández Ron le mintió a Andueza Palacio al informarle que la facción de Orituco había sido derrotada en Chaguaramas. Carvallo no acepó esta afirmación, por lo que, mediante una pregunta, dijo públicamente que no podía calificarse de derrota a una retirada en orden, sin abandonar a sus heridos en el campo de batalla, con 15 bocas de fuego quitadas al enemigo y sin ser perseguidos por las fuerzas gobiernistas(31). No obstante, agregó que tuvieron que lamentar, por una parte, la muerte de jefes muy importantes, como lo fueron los intrépidos Santiago Sierra, Pedro Paredes, Justo Sosa y la de Antonio María Ramírez, quien, posteriormente y en compañía de familiares, falleció como consecuencia de las graves lesiones recibidas y, por la otra, las heridas ocasionadas al valiente general Lorenzo Velásquez Guzmán, quien quedó prisionero junto con algunos soldados heridos también(32). Además, hizo publicar un telegrama con fecha del 16 de abril, enviado desde La Pascua  por Benito Arias al Presidente de la República y en el cual le notificó lo siguiente: “En estos momentos acaba de llegar el General Juan Z. Gil, de Chaguaramas, en donde las fuerzas del General en Jefe de Operaciones fueron completamente derrotadas”(33). Al parecer y según el telegrama precedente, las tropas derrotadas fueron las del general José Ángel Hernández Ron.
            Aún cuando las fuerzas crespistas orituqueñas no lograron el objetivo de tomar a Chaguaramas y a pesar de sus numerosas y lamentables bajas ocurridas en ese combate, es factible inferir que esa acción bélica fue un triunfo militar para las tropas gobiernistas, pero tuvo un efecto político favorable para los partidarios del crespismo insurrecto por varios motivos básicos, entre los cuales resaltan los mencionados por el doctor  Luis Pérez Bustamante, uno de los jefes orituquenses protagonista de tales hechos, quien, en una Carta enviada a don Tomás Michelena a propósito de corregir errores sobre la batalla de Chaguaramas, publicada en el diario caraqueño El Radical del  22 de noviembre de 1892, afirmo lo siguiente:
                        “…es una verdad indiscutible que esa acción sirvió para hundir, para        siempre, el elemento usurpador en el Oriente del Guárico; sirvió para que        recuperaran su libertad los presos que allí tenía Hernández Ron, el valeroso     General José A. Pacheco, el bueno y prestigioso General Rufino Rengifo, el    intrépido y sufrido General Regino Vázquez, el modesto General Mongua, el      incansable y meritorio General Gil Fernández, el consecuente General    Valentín Centeno, el audaz y simpático General José Miguel Machuca, y             muchos más que no recuerdo ahora, quienes al tercer día, conmovieron las      inmensas montañas de Valle de la Pascua, Tucupido y Tamanaco hasta            cerca de Zaraza, al mágico grito de ‘¡VIVA LA LIBERTAD!’, ‘¡MUERA EL            USURPADOR!’, ‘¡VIVA LA REVOLUCIÓN!’.
                        Sirvió, pese a muchos, para dar vida a los alzamientos del Guárico           Oriental y Occidental, Barlovento, Distrito Bermúdez y otros. Y sirvió para      conocer a los desleales que aún hoy día se amparan a la sombra de    nuestras banderas.” (34)

            Por otra parte, es pertinente añadir que la batalla de Chaguaramas fue provechosa para obstaculizarle la posibilidad al general José Hernández Ron de actuar contra la retaguardia del máximo jefe de la Revolución Legalista, de acuerdo con la opinión del orituqueño don Rodulfo Pérez Vargas, quien, mediante un escrito hecho público en El Radical N° 585 de fecha 18 de noviembre de 1892, dijo que:
                        “…los revolucionarios no necesitaban del tiempo de Chaguaramas,          para que aquel hecho dejara de ser glorioso para ellos, puesto que con el   [sic] opusimos un obstáculo poderoso a Hernández Ron, para que de       acuerdo con las órdenes que éste tenía de Andueza, no pudiese obrar             sobre la retaguardia del General Crespo…”(35)

            Tomás de Aquino Carvallo afirmó, en la misma relación mencionada supra, que después de la batalla de Chaguaramas no volvieron a encontrar al ejército de Hernández Ron, el cual se internó en el distrito Bravo, donde fue acosado en varias ocasiones por los generales Rengifo y Pacheco, quienes luego se integraron con sus tropas al ejército de Carvallo y se formó un cuerpo de 800 hombres, que se puso a la disposición del general Wenceslao Casado, por orden del general Crespo, para invadir nuevamente a los Valles del Tuy(36). Agregó aquel informante  “…que toda la población de Altagracia de Orituco demostró gran entusiasmo en esta cruzada y que comerciantes, agricultores y todos los demás gremios, ofrecieron voluntariamente toda clase de contingente a favor de la Revolución…”(37)
            El fracaso militar de los crespitas orituqueños en aquella batalla de Chaguaramas del 16 de abril de 1892 no les redujo el espíritu de combatividad, pues decidieron reorganizarse al mando de Adolfo Chataing, Leonardo Vargas y Francisco Briceño con la formación de dos batallones que fueron incorporados a los generales Wenceslao Casado y Leoncio Quintana, para  marchar hacia Ocumare del Tuy con el objeto de tomar esta población, lo que lograron exitosamente, a pesar de la valiente defensa hecha por el general Antonio Orihuela; pero luego fracasaron en Boquerón frente a fuerzas enemigas. Sin embargo, combatieron en Valencia, Puerto Cabello y otros lugares para reforzar el triunfo de Joaquín Crespo hasta entrar victoriosos a Caracas. Regresaron al Orituco cuando finalizaba octubre de 1892 y se reincorporaron a sus actividades de rutina(38). Por su parte, el general Joaquín Crespo, Jefe Supremo de la Revolución Legalista y ya en ejerció de la Presidencia de la República, designó al general Venancio Antonio Morín como Jefe Civil del otrora distrito Monagas del estado Guárico(39)            .
Conclusión
            De acuerdo con las fuentes consultadas, es factible decir que las públicas ambiciones de Raimundo Andueza Palacio de continuar ejerciendo la Presidencia de los Estados Unidos de Venezuela, unidas a la política de represión contra sus adversarios, incrementó el descontento popular, al extremo de originar el alzamiento del general Joaquín Crespo, cuya finalidad de derrotar el continuismo  motivó la formación de un ejército en Orituco, que, comandado por el general Tomás de Aquino Carvallo, tuvo como primera responsabilidad la de tomar la plaza de Chaguaramas, cuyo intento, ocurrido el 16 de abril de 1892, fue un fracaso militar muy lamentable, debido a la pérdida de más de cien hombres en un enfrentamiento desigual, muy desproporcionado, con las fuerzas dirigidas por el general José Ángel Hernández Ron, jefe de operaciones gubernamentales del oriente del estado Guárico, quien había reforzado aquella plaza con suficiente antelación. Sin embargo y aunque parezca contradictorio, esa derrota de las tropas orituqueñas crespistas se tradujo en una victoria política, porque sirvió para neutralizar operaciones anduecistas contra la insurrección crespista en el Guárico y sur de Aragua; amén de no amilanar la participación del ejército orituqueño en la lucha por la restauración de la constitucionalidad de aquellos días, en cuyo afán acompañaron a las fuerzas del general Crespo hasta su victoria definitiva.


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