viernes, 28 de abril de 2017

CASA DE GOBIERNO MUNICIPAL EN ORITUCO

Carlos A. López Garcés

Cronista de Orituco

Nota previa

La sede de la Alcaldía y del Concejo del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico está ubicada en la calle Julián Mellado (conocida también como calle del Concejo) de Altagracia de Orituco, entre la Rondón y la José Martí, al oeste inmediato de la plaza Bolívar. Consta de dos casas que datan del siglo XIX, una de las cuales es más grande que la otra. Ambas fueron hechas originalmente de paredes de tapia y rafa, techo de tejas sobre caña amarga, piso enladrillado, puertas de madera y ventanas con hojas y rejas de igual material; son muestras del proceso de transformación arquitectónica-habitacional ocurrido en el transcurso de la décimo novena centuria, como consecuencia de la ocupación que hicieron grupos económica y políticamente dominantes del territorio destinado para viviendas perteneciente a la comunidad indígena altagraciana, la cual fue sometida a un desplazamiento progresivo e irreversible, favorecido por la transculturación, el elitismo, las epidemias, las guerras civiles, etcétera, hasta desaparecerla totalmente.  Entre ellos habrían estado los mismos elitistas que se apropiaron de las tierras valleorituqueñas de uso agrícola, asignadas a los aborígenes del pueblo gracitano recién fundado.

   

1.- La de mayor tamaño

 Fue construida en el primer cuarto del siglo XIX por Nicolás de Cerpa, con la finalidad de usarla como residencia familiar(1), sobre una superficie estimada en mil doscientos ochentinueve metros cuadrados, conforme a cálculos efectuados el viernes 20 de enero de 2017 por Arsenio Alexander Palacios, trabajador del servicio de catastro de la alcaldía orituquense(2). El municipio la obtuvo en propiedad el 31 de mayo de 1865, mediante compra hecha a Julián Velasco(3). Ha sido reformada en diversas ocasiones para adaptarla a la operatividad propia de oficinas gubernamentales. El antecedente más antiguo con respecto a estas modificaciones data del primer cuatrimestre de 1874, cuando la Junta de Fomento recién instalada ordenó la demolición de “una pieza de galería que tenía en el extremo norte” y la realización de los trabajos de “enladrillados, sardineles, tiranteaduras, construcción de nuevas luces, levantamiento del techo del corredor del naciente para erigirle nuevos pilares de obra limpia, escalinatas, enlozados y calzada de piedra al frente”,  al decir de un intelectual altagraciense meritorio(4), quien agregó que los mismos fueron concluidos en mayo de ese año con la participación del carpintero José Eduvigis Guevara, los albañiles Juan Bautista Narvarte y Luis Morales y el aparejador Juan D’Suze(5). Una nueva refacción ocurrió en 1880, acerca de la cual no hay más informaciones conocidas(6).

Esta casa fue modificada varias veces en el transcurso del siglo XX. Algunas obras habrían sido ejecutadas después de marzo de 1935, porque en esos días aún conservaba  características viejas, tal como lo muestra una imagen impresa en el periódico gracitano Cosechas que dirigía Pedro Natalio Arévalo(7), quien, mucho tiempo después, aportó datos para pensar en que aquellos trabajos tal vez correspondían a los de la remodelación, comentada sin mayores detalles en un trabajo suyo editado en 2012, que fue realizada del 9 de febrero de 1939 al 8 de abril de 1940, durante el segundo gobierno del Dr. Rafael Zamora Arévalo y cuyo encargado era el señor Leonidas Ponce, quien ejercía la Dirección de Obras Públicas Municipales(8). De esas obras pueden ser mencionadas las más visibles: ampliación del corredor hacia el norte y edificación de la sala de sesiones del Concejo y nuevas oficinas en este extremo; reemplazo del alero por una cornisa; sustitución de columnas rectangulares del corredor frontal por otras cilíndricas de estilo toscano, para pasar de seis a doce pilares con la inclusión de las del lado norte; cambio de la baranda del frontis por un tipo de pasamanos de concreto con especies de balaustres del mismo material en los intercolumnios, más dos filas de tubos metálicos entre balaustres; aceras y escalinatas de concreto para el acceso desde la calle y lo contrario.  Otras reformas fueron efectuadas en la segunda mitad de dicha centuria, entre las cuales están las siguientes: solado con baldosas graníticas; abertura de una puerta en el extremo sur del corredor frontal para comunicarla con la casa de menor tamaño, cuando esta pasó a ser propiedad municipal; eliminación de puertas de la mitad sur del frontis y del pasadizo que unía el corredor del frente con el de atrás, hacia el patio y calabozos de la policía, acaso en la séptima década; construcción del despacho del alcalde en el primer semestre de 1990, cuando se iniciaba el primer período del burgomaestre Salomón Gómez Naranjo, de acuerdo con aseveración suya aportada el 23 de enero de 2017(9);  reparación del techo hacia 1997 con el aval del alcalde Eusebio Dáger Boyer, que fue hecha por la empresa COACA C.A. cuyo representante era el ciudadano Harold Quillen(10).
 
            Es factible presumir, de acuerdo con el cronista Adolfo Antonio Machado, que el aprovechamiento de esta edificación como Casa de Gobierno comenzó el 27 de septiembre de 1870, cuando, inconstitucionalmente, fue establecida en Altagracia la capital ejecutiva del otrora departamento Cedeño, con su respectiva prefectura y comandancia militar representadas por el general sombrereño Carlos Pinto, luego de la victoria que obtuvieron en Orituco las fuerzas liberales guzmanistas, dirigidas por los generales Joaquín Crespo y Manuel Borrego, al enfrentarse ese mismo día contra una pequeña guarnición de restos del monagato nepotista y neo-conservador, acantonada en Altagracia a las órdenes de Brígido Quintero, quien murió en la acción. Por su parte, el Concejo siguió funcionando en San Rafael de Orituco, que entonces quedó reducido de cabecera departamental absoluta a capital legislativa(11).

Esa situación inconstitucional se mantenía aún en 1875, cuando fue aprobada una nueva Constitución del Estado Guárico; sin embargo, en febrero de 1881 ya el Concejo funcionaba en Altagracia, presidido por el general Adolfo Chataing, lo que significaba el establecimiento de facto de la capital absoluta en esta población;  esto fue legal y definitivamente reconocido mediante el “Decreto Ejecutivo sobre organización provisional de los Grandes Estados de la Federación”, dictado por el general Antonio Guzmán Blanco en Caracas, el 19 de mayo de 1881, de donde derivó la Constitución del Estado Guzmán Blanco, sancionada el 20 de agosto de 1881, que ratificaba la reorganización de los estados federales y fue determinante para que el departamento Cedeño pasara a denominarse distrito Guzmán Blanco, perteneciente a la sección Guárico del estado de igual epónimo(12), desde cuando “…entró Altagracia, también constitucionalmente, a ser cabecera del Distrito Guzmán de aquel Grande Estado, quedando de entonces legalmente constituidas en este pueblo las oficinas de la Jefatura Civil, Concejo Municipal, Registro Público y la de los demás empleados correspondientes a la administración civil, judicial y administrativa del distrito”, según apuntes cronísticos del orituquense prenombrado(13), que ayudan a suponer el funcionamiento simultáneo de esas oficinas en la Casa de Gobierno objeto de estas notas. Su uso como despachos gubernamentales del municipio se mantuvo durante el siglo XX y todavía en las primeras décadas del XXI. Ha servido de sede a la Jefatura Civil, Comandancia de Policía con calabozos incluidos, Administración de Rentas y cámara municipal; en los años sesenta de la centuria recién pasada hubo allí una oficina de la Dirección General de Policía (DIGEPOL), que era el ente político-policial de los gobiernos presididos por Rómulo Betancourt y Raúl Leoni. En la actualidad funcionan en ella las oficinas de Hacienda, Recursos Humanos y Regularización de la Tierra Urbana desde el tercer trimestre de 2013. 

 

2.- La de menor dimensión
No hay datos precisos referentes a su origen; empero, puede presumirse que ya existía en la segunda mitad del siglo XIX, como lo revela una fotografía tomada por Henrique Avril y hecha publica en 1895 en la revista El Cojo Ilustrado Nº 94(14). Fue edificada en un terreno de quinientos noventidós metros cuadrados, aproximadamente, de conformidad con la medición realizada por Arsenio Palacios antes mencionado(15). Ha sido utilizada con distintos propósitos. Puede suponerse que, al comienzo, fue construida para vivienda de familia, como lo indica una placa marmórea colocada en su frente el 21 de febrero de 1970,  cuando el Dr. José Ignacio González Aragort fungía de Gobernador del Estado Guárico, y cuyo texto dice que “Esta casa fue el hogar del Dr. Pedro María Arévalo Cedeño…”(16) de quien es oportuno resaltar que fue un médico nacido en Valle de la Pascua el 27 de enero de 1870, filántropo, ciudadano ejemplar, miembro de la Academia Nacional de Medicina, que se residenció durante años en Altagracia de Orituco, donde dejó huellas muy notables e importantes: profesor del Colegio Roscio, el primero de educación secundaria de la localidad, del cual fue Rector en 1898 y Vice-rector en 1899; cofundador del Hospital San Antonio en 1903; creador del segundo Colegio Guárico en 1931, que antecedió al  Liceo Ramón Buenahora del presente; en 1920 se mudó con su familia a Caracas, de donde regresó a tierras altagracianas en 1936; por razones de salud se trasladó a San Juan de los Morros donde falleció en julio de ese año(17).

 Esta misma casa también sirvió de habitación familiar a don Miguel Martínez, un zaraceño que ejerció la jefatura de la estación telegráfica gracitana, la cual operaba allí mismo; además, en ella fue instalado un comedor escolar en tiempos de la dictadura perezjimenista, que funcionó hasta comienzos de 1956; igualmente, ha sido aprovechada como sede de oficinas del gobierno municipal en la segunda mitad del siglo XX y primeras décadas del XXI.

No hay noticias confirmadas acerca de la propiedad tradicional de esta edificación, antes de ser comprada por el municipio en fecha y condiciones desconocidas todavía, aunque hay datos contradictorios: el señor  Luis D’Suze García dijo el 21 de abril de 1999 que perteneció a don Carlos Pérez(18);  no obstante, don José Manuel Pérez afirmó dos días más tarde, cuando era un octogenario, que su dueño fue siempre el Dr. Pedro María Arévalo y luego pasó a ser de la municipalidad, coincidiendo con el cronista Arévalo (19).

Ha sido remodelada en diferentes oportunidades. Su frente actual es hacia la calle Julián Mellado, que es el lado este; tiene tres ventanas y una puerta que da acceso de la calle al interior y viceversa a través de un zaguán empalmado con un corredor interior. Debe decirse que su frontis era antes por la calle José Martí, que es el lado sur, por donde tenía su entrada principal, según lo revela una gráfica de Henrique Avril publicada en 1902 en la revista El Cojo Ilustrado Nº 263(20), donde puede observarse la ausencia de puerta en la fachada este y la existencia de tres ventanas grandes con rejas de madera en este mismo lado, por donde, años después, le hicieron la entrada principal  y pusieron rejas de hierro en las ventanas, como lo demuestra una foto de 1928 dada a conocer por el profesor orituqueño Mario Torrealba Lossi en su libro Memorias de Pacífico Sereno(21).

 Cuando era de uso familiar estaba constituida por: cuatro corredores que circundaban un pequeño patio central, que hacía de jardín a cielo abierto; sala de recepción de visitantes; dormitorios, cocina y comedor;  sanitario y un patio grande o solar del lado oeste, separado por una pared del resto de la casa. Estas características las mantenía en el primer quinquenio de la séptima década del siglo XX, aunque ya le habían hecho algunos cambios para adaptarla al funcionamiento de oficinas públicas. Aún tenía el alero en 1935, tal como se observa en la imagen impresa en el periódico Cosechas citado en párrafos precedentes(22); tiempo después, quizás en la cuarta o quinta década de la centuria XX, se lo sustituyeron por una cornisa, en cuyos trabajos participó un maestro de obra conocido como Wallis, quien tuvo de albañil principal a un señor de apellido Camacaro; así lo aseveró el telegrafista  Héctor Mendoza el 23 de abril de 1999(23).  Hacia los años 1965-1966, la Comandancia de Policía fue trasladada de la casa más grande al patio trasero de esta más pequeña, donde se edificaron las instalaciones de esa dependencia policial y se le acondicionaron algunos espacios para este propósito, aun cuando los calabozos y el dormitorio de los funcionarios policiales fueron edificados en el solar de la casa grande. También han funcionado en ella diferentes entidades gubernamentales en la segunda mitad del siglo XX y primeros años del XXI: Jefatura Civil o Prefectura, Comandancia de Policía, Sindicatura, Concejo y algunas dependencias de la Alcaldía.           
 

3.- Un hecho lamentable
El techo de la casa más grande tenía “fallas y deficiencias” en el primer semestre de 1998, con respecto a las reparaciones realizadas hacia 1997 por la empresa COACA C.A., cuyo representante era el ciudadano Harold Quillen, antes citado; por este motivo la cámara edilicia aprobó en la sesión del 23 de junio de 1998 autorizar plenamente a la Síndico Municipal, abogada Mirna Claret Leal, para investigar este caso sin limitaciones, según oficio Nº 205, fechado en Altagracia de Orituco el 30 de junio de 1998 y firmado por el señor Julio César Herrera, Secretario Municipal. El resultado de esta investigación es desconocido; sin embargo, debe decirse que aquellas “fallas y deficiencias” fueron la causa fundamental del desplome de gran parte del techo de esta casa, correspondiente al de la Sala de Sesiones del Concejo y las oficinas de Presupuesto y Contabilidad de la Alcaldía, cuando el alcalde era José Luis García(24).


Ese hecho sucedió el jueves 22 de julio de 2004;  fue resultante de la colocación de un sobrepeso dado por un recubrimiento de concreto de cinco centímetros de espesor aproximado, con malla truckson más un manto asfáltico y tejas criollas, sin tomar la precaución de revisar las condiciones de las vigas y columnas de la estructura de madera y reforzarlas, lo que debió haberse realizado necesariamente porque se trataba de una armazón liviana muy antigua, deteriorada por el tiempo, a la cual se le colocaría un peso adicional. Así lo dice una información suministrada el 26 de julio de 2004 por el ingeniero Giovanni Donnarumma V., entonces Director de Desarrollo Urbano de la Alcaldía, designado como perito práctico en construcción civil para presentarle un criterio técnico sobre el caso al Juzgado de los municipios José Tadeo Monagas y San José de Guaribe del estado Guárico, representado por el abogado Jesús Eduardo Moreno G., quien inspeccionó  la Casa de Gobierno Municipal en hora de la tarde de aquel 26 de julio de 2004, para dejar constancia de lo acontecido, por solicitud del alcalde José Luis García con la asistencia del abogado José Miguel Del Corral, en atención de lo cual se ordenó efectuar la peritación comentada(25). 
 

Aquella realidad obligó a trasladar el Concejo a la casa de menor dimensión, donde funcionaban la Sindicatura y algunas  oficinas de la Alcaldía, mientras que otras de esta institución fueron mudadas al otrora Parque Recreacional Rómulo Gallegos de La Playera y a un edificio particular situado en la calle Sucre, entre la Rondón e Ilustres Próceres, perteneciente a la ciudadana Marisela D’Angelis. El despacho del alcalde se mantuvo en la casa grande hasta finales del 2007 porque el tejado no sufrió daños.


La caída del techo hizo retomar la idea de reconstruirlo con tejas sobre madera de caoba; pero ampliándolo con el concepto de una techumbre única para ambas casas, con sentido de integración como si se tratase de una sola, tal como fue hecho efectivamente,  además de ciertas reformas internas para adaptarlas a la operatividad de oficinas del poder público municipal, que incluían la sala de sesiones de la cámara edilicia, donde se instalarían varios vitrales. La mayor parte de estos trabajos fueron ejecutados por la Cooperativa Monte Sacro 200 R.L., representada por el ingeniero gracitano Luis Calleja en los años 2007 y parte del 2008, cuando el autor de este escrito era el alcalde(26). Las obras internas fueron continuadas por el señor Danilo Barrios en el segundo semestre del 2008; desafortunadamente, estas últimas fueron suspendidas de manera arbitraria en el año 2009, sin levantar un acta siquiera, por el señor Harold Quillen, quien actuaba a nombre de la Alcaldía sin ser funcionario de ella, aunque, extrañamente, contaba con el respaldo de la alcaldesa recién encargada, la pediatra María Chacín. Los trabajos fueron reiniciados meses después de aquella arbitrariedad por una empresa que estaba supuestamente vinculada al señor Quillen, cuando decidieron cambiar la distribución espacial planificada, aplicaron un nuevo criterio antojadizo de remodelación y procedieron a instalar allí algunas dependencias como la Sindicatura y Catastro, donde funcionan ahora desde el segundo semestre de 2013, y el Consejo de Protección del Niño y del Adolescente a partir de 2016.


Esas refacciones iniciadas en 2007 estaban inconclusas al momento de redactar estas notas (2017); por esta razón, otras oficinas del ejecutivo orituqueño, incluido el despacho del alcalde, permanecen todavía en el antiguo Parque Rómulo Gallegos, una edificación municipal localizada en el sector La Playera, en el oeste de la población, en la margen izquierda del río Orituco, que estaba destinada inicialmente a ser una posada turística y fue necesario acondicionarla como sede provisional de la Alcaldía en los años 2006-2007(27), aun cuando desde 2004 ya estaban allí ciertas dependencias del ejecutivo municipal en los pocos espacios disponibles que había  en ese tiempo. Entre tanto, el Concejo se mantiene en una casa ubicada en la calle Julián Mellado, en el sector Buenos Aires, propiedad de la profesora María Escalante de Dávila, a donde fue mudado en 2007, debido al comienzo inminente de las obras precitadas. 
 

4.- Una creencia errónea

Es oportuno recordar que algunas personas identifican estas casas con el nombre de Palacio Municipal, como si se tratara de una sola edificación;  otras se empeñan en llamarla Palacio de los Arévalo, quizás porque en una de ellas habitó el Dr. Pedro María Arévalo Cedeño con su núcleo familiar y haya la equivocación de creer que corresponde a una vivienda única.  Sin embargo, en la identificación de la casa de columnas predominaba la que la colectividad mantuvo asociada durante cierto tiempo con una de las instituciones que allí funcionaban; por esto los nombres de Casa de la Jefatura Civil, Casa del Concejo,  Alcaldía, con los que fue conocida en el siglo XX.

 

Altagracia de Orituco,  enero de 2017.

 

 
REFERENCIAS Y NOTAS

(1) MACHADO: Madrid, 1961, p. 79; Caracas, 2005, p. 189.

(2) PALACIOS: Conversación, 20 de enero de 2017.

(3) MACHADO: Madrid, 1961, p. 79; Caracas, 2005, p. 189.

(4) IBÍDEM: Madrid, 1961, p. 90; Caracas, 2005, p. 204.

(5) IBÍDEM.

(6) IBÍDEM: Madrid, 1961, p.  98; Caracas, 2005, p.  215.

(7) ARÉVALO: Cosechas, Altagracia de Orituco, 28 de marzo de 1935, p. 1.

Observación. El doctor Pedro Natalio Arévalo fue profesional de la abogacía; ejerció la docencia en el Colegio Santa María de Caracas y en el Liceo Juan Germán Roscio de San Juan de los Morros; cultivó la poesía, el periodismo y la oratoria; escribió trabajos cronísticos muy significativos sobre la tierra orituqueña, publicados en periódicos, libros y folletos. Fue Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia y uno de los creadores de la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño de Altagracia de Orituco, donde nació el 1º de diciembre de 1914. Murió en San Juan de los Morros el 27 de noviembre de 1996.

(8) IBÍDEM: 2012, p. 73.

(9) GÓMEZ NARANJO: Conversación, 23 de enero de 2017.

(10) A.A.M.G.: Inspección Judicial al Palacio Municipal practicada por el Juzgado de los       municipios José Tadeo Monagas y San José de Guaribe del estado Guárico.  Expediente Nº 04-2644. Altagracia de Orituco 26 de julio de 2004.

(11) MACHADO: Madrid, 1961, pp. 86, 87; Caracas, 2008, pp. 199, 200.

(12) MACHADO: Madrid, 1961, pp. 91, 100, 105; Caracas, 2008, pp. 206, 218, 219. LÓPEZ GARCÉS: 1999, pp. 25 a 27.

(13) MACHADO: Madrid, 1961, p. 100; Caracas, 2008, p. 219.

(14) AVRIL: El Cojo Ilustrado,  Caracas, 15 de septiembre de 1895, p. 726.

(15) PALACIOS: Conversación: 20 de enero de 2017.

(16) ARÉVALO: 2012, p. 73.

(17) SOSA y MARTÍNEZ: San Juan de los Morros, 1970; Caracas, 1991. RUBÍN ZAMORA: Caracas, 1974, p. 36.

(18) D’SUZE GARCÍA: Conversación, 21 de abril de 1999.

(19) PÉREZ: Conversación, 23 de abril de 1999. ARÉVALO: 2012, p. 73.

Observación. El señor José Manuel Pérez García fue un reputado comerciante mayorista, nacido en Sabana Grande de Orituco el 20 de mayo de 1918 y residenciado desde muy joven en Altagracia de Orituco, donde falleció en enero de 2012.

(20) AVRIL: El Cojo Ilustrado, Caracas, 1º de diciembre de 1902, p. 735.

(21) TORREALBA LOSSI: Caracas, 1989, p. 73.

(22) ARÉVALO: Cosechas, Altagracia de Orituco, 28 de marzo de 1935, p. 1.

(23) MENDOZA: Conversación, Altagracia de Orituco, 23 de abril de 1999.

(24) A.A.M.G.: Inspección citada. Expediente Nº 04-2.644.

(25) IBÍDEM.

(26) LÓPEZ GARCÉS: Informe de gestión de la alcaldía… Año 2007, p. 17.

(27) IBÍDEM: 2006, p. 19; 2007, p. 16. Visor de Orituco. Nº 6. Enero-febrero de 2006, p. 3; Nº 7, abril-mayo de 2006, p. 8.


FUENTES

1.- Documentales

ARCHIVO DE LA ALCALDÍA DEL MUNICIPIO JOSÉ TADEO MONAGAS DEL ESTADO GUÁRICO. Altagracia de Orituco. (A.A.M.G.) 

 

Inspección Judicial al Palacio Municipal practicada por el Juzgado de los municipios José Tadeo Monagas y San José de Guaribe del estado Guárico. Expediente Nº 04-2644. Altagracia de Orituco, 26 de julio de 2004.

 2.- Bibliográficas

ARÉVALO, Pedro Natalio. Calles, sitios y aleros de Altagracia de Orituco. San Juan de los Morros. Sistema Nacional de Imprentas. Fundación Editorial El Perro y La Rana. Colección José Antonio De Armas Chitty.  2012.

LÓPEZ GARCÉS, Carlos. Evolución político-territorial de Orituco. Altagracia de Orituco. Edición del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico. 1999.

MACHADO, Adolfo A. Apuntaciones para la historia (obra escrita entre 1875 y 1899). Madrid, España. Publicaciones Amexo, 1961.


MACHADO, Adolfo A. Recopilación de apuntaciones para la historia de Altagracia de Orituco hasta el siglo XIX. Caracas. Edición de la Alcaldía del municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico, Venezuela, 2008.


RUBÍN ZAMORA, Lorenzo. Diccionario biográfico cultural del estado Guárico. Caracas. Edición del autor. Impreso por Gráficas Herpa, 1974.

3.- Fotográficas
AVRIL, Henrique. “Tropa nacional en Altagracia de Orituco”. El Cojo Ilustrado. Año XI – N° 263.  Caracas, 1° de septiembre de 1902, p. 735.


“Casa de Gobierno”. Gráficas Gracitanas. Tabloide dedicado a la Vuelta al Orituco. Director: Víctor Pérez Pérez. Altagracia de Orituco, diciembre de 1967, p. 4.


Casa de Gobierno en Altagracia de Orituco, 1928 (en: TORREALBA LOSSI, Mario. Memorias de Pacífico Sereno. San Juan de los Morros. Fundación Guariqueña para la Cultura (FUNDACULGUA), Biblioteca Temas y Autores Guariqueños. 1989, p. 73) 

Casa de la Jefatura Civil. Cosechas. Director: Pedro Natalio Arévalo. Año I – Mes II. Altagracia de Orituco, jueves 28 de marzo de 1935, p. 1.


4.- Hemerográficas

LÓPEZ GARCÉS, Carlos A. Informe de Gestión de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico. Año 2006. Altagracia de Orituco, marzo de 2007. (Inédito)  

LÓPEZ GARCÉS, Carlos A. Informe de Gestión de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico. Año 2007. Altagracia de Orituco, 31 de marzo de 2008. (Inédito)


“Nuevas oficinas y aulas serán inauguradas”. Visor de Orituco. Mensuario de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico. Coordinador: Pedro Salazar. Nº 6. Enero-febrero de 2006.


“Nuevos espacios para mejorar la atención al ciudadano”. Visor de Orituco. Mensuario de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico. Coordinador: Pedro Salazar. Nº 7. Abril-Mayo de 2006. 


SOSA, Sixto; MARTÍNEZ, José Francisco. Dr. P.M. Arévalo Cedeño: Una vida consagrada al bien común. San Juan de los Morros. Ediciones de la Secretaría y Relaciones Públicas del Ejecutivo del Estado Guárico. 1970.


SOSA, Sixto; MARTÍNEZ, José Francisco. Dr. P.M. Arévalo Cedeño (una vida consagrada al bien común). Altagracia de Orituco. Publicaciones de la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño. Nº 6. Altagracia de Orituco, septiembre de 1991.


5.- Informaciones orales

Conversaciones con:

D’SUZE GARCÍA, Luis. Altagracia de Orituco, 21 de abril de 1999.

GÓMEZ NARANJO, Salomón. Altagracia de Orituco, 23 de enero de 2017.

MENDOZA, Héctor. Altagracia de Orituco, 23 de abril de 1999.

PALACIOS, Arsenio. Altagracia de Orituco, 20 de enero de 2017.

PÉREZ, José Manuel. Altagracia de Orituco, 23 de abril de 1999.

Vista panorámica de Altagracia de Orituco a mediados de la última década del siglo XIX. Fuente: El Cojo Ilustrado. Año IV - Nº 94. Caracas, 15 de septiembre de 1895, p. 726.

A la derecha: Casa de Gobierno Municipal en Altagracia de Orituco a principios del siglo XX, cuando la vivienda de la izquierda era residencia familiar. Foto de Henrique Avril, cuyo  motivo  fue  la presencia de una tropa nacional formada en frente de la sede gubernativa orituqueña. Obsérvese que aún no había sido construida la plaza Bolívar. Fuente: El Cojo Ilustrado. Año XI.  N° 263.  Caracas, 1° de septiembre de 1902, p. 735. (Comentario: C.L.G. / 30-01-2017)

Casa que fue hogar del Dr. Pedro María Arévalo Cedeño.
 Fuente: El Cojo Ilustrado. Año XI.  N° 263.  Caracas, 1° de septiembre de 1902, p. 735.

A la derecha: Casa de Gobierno Municipal. A la Izquierda: casa de familia. Altagracia de Orituco, 1928. Foto: autor anónimo. Fuente: TORREALBA LOSSI, Mario. Memorias de Pacífico Sereno. San Juan de los Morros. Fundación Guariqueña para la Cultura (FUNDACULGUA), Biblioteca Temas y Autores Guariqueños. 1989, p. 73.

Casa de Gobierno Municipal. Altagracia de Orituco. 1935. Fuente: Cosechas. Director: Pedro Natalio Arévalo. Año I – Mes II. Altagracia de Orituco, jueves 28 de marzo de 1935, p. 1

Casa de Gobierno Municipal a pocos años de ser remodelada. Altagracia de Orituco.
 Foto: autor anónimo; tal vez data de 1946 o 1947

 Casa de Gobierno Municipal. Altagracia de Orituco, 1967. Obsérvese en primer plano la célebre “jaula” policial. Fuente: Gráficas Gracitanas. Director: Víctor Pérez Pérez. Diciembre de 1967, p. 4

Casa de Gobierno Municipal. Altagracia de Orituco.
Foto: Benianino Mastrolonardo (Nino), 1991

Casa de Gobierno Municipal.
Altagracia de Orituco, domingo 5 de febrero de 2017.
Foto: C.L.G.

Casa de Gobierno Municipal.
Altagracia de Orituco, domingo 5 de febrero de 2017.
Foto: C.L.G.

miércoles, 19 de abril de 2017

HACIENDA LA RUBILEÑA

Carlos A. López Garcés

 
1.- Valor histórico
            Las riberas del río Orituco, específicamente en el municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico y desde tiempos coloniales hasta el presente, han sido utilizadas como base territorial para la operatividad de unidades de producción agropecuaria, entre las cuales estaba la hacienda La Rubileña cuyo nombre, según una suposición tradicional, deriva del apellido Rubín, que habría sido el de uno de sus antiguos propietarios; sin embargo, hasta ahora no ha sido posible encontrar datos confiables que sirvan para verificar tal conjetura ni otros relacionados con su evolución.
 
            Esa finca estaba ubicada a nueve kilómetros (9 Km), aproximadamente, al noroeste de Altagracia y a dos kilómetros (2 Km), en la misma dirección, del vecindario Guanape. Esta localidad y la hacienda fueron cubiertas por las aguas del embalse Guanapito en 1962. Restos de este centro agrícola quedaron expuestos, como nunca antes, debido a la intensa sequía causada por el fenómeno natural El Niño, sobre todo en los cuatro primeros meses del actual año 2016, lo cual estimuló la idea de reseñarle algunas noticias provechosas, porque La Rubileña integraba la dinámica socio-económica orituquense, lo que la hace interesante para la historia local del siglo XX con respecto a tres factores básicos: el modo de producción predominante, el aprovechamiento de la energía eléctrica y la introducción del tabaco Virginia.

2.- Tenencia, superficie y uso
El modo de producción capitalista imperaba en territorio orituqueño a mediados del siglo XX; era el mismo que regía en el área rural venezolana; estaba caracterizado por la tenencia y uso particular de los medios de producción, lo que es decir: la tierra, edificaciones o inmuebles, maquinarias y otros mobiliarios e instrumentos de labor eran de propiedad privada o usufructuadas por un arrendatario o más; el capital era propio o a préstamo; el trabajo era asalariado.

            El último propietario de La Rubileña fue el doctor Aza Sánchez (abogado), a quien se la arrendó don Miguel Ávila hacia el año 1949, cuando ya había desistido de continuar con el arrendamiento de la hacienda La Margarita, propiedad del licenciado Pedro Salazar Vásquez y donde, con aporte crediticio del Banco Agrícola y Pecuario, cultivaba café cuya producción era de poca rentabilidad.

            La superficie de La Rubileña se extendía por el oeste hasta el sitio de Curucutí y por el sur colindaba con la hacienda Guanapito; habría sido alrededor de cuarenta hectáreas (40 has), que incluían el lugar de las edificaciones y el de los sembradíos; entre las primeras estaban: la casa principal, grande, de paredes de tapia, techo de tejas sobre caña amarga y piso de ladrillos; la casa de los isleños; el trapiche y sus  anexos; el cuarto del alambique; los hornos de tabaco; el baño de ganado; la sala de la planta hidroeléctrica; la vivienda para el celador o responsable de la planta; el tanque de agua.

3.-  Siembra primordial 
            La caña dulce era el cultivo principal de la hacienda cuando don Miguel Ávila se encargó de ella; además, había plantaciones de cacao, tomate y lechosa en menor extensión, que trasladaban a Caracas con fines comerciales, y de cebolla, cebollín, cilantro, lechuga, etcétera, para autoabastecimiento, en primer lugar, y mercadeo; la lechosa también la vendían a la empresa de Ron Pampero, en Aponte, cerca de Ocumare del Tuy. Por otra parte, hicieron pruebas con tomate tipo manzano en 1950, con semillas importadas de Estados Unidos; pero las siembras, al igual que en otras haciendas, fueron destruidas por la extraordinaria creciente del río Orituco ocurrida el 22 de octubre, como lo reseñó el periódico altagraciano Alborada Nº 17, del día 29 de ese mismo mes y año, que dirigía el profesor Blas Loreto Loreto (2009, p. 202).

            La molienda de caña dulce la hacían en un trapiche activado con fuerza hidráulica. El jugo o guarapo pasaba, a través de un canal y previamente filtrado para eliminarle las impurezas, a una serie de cuatro o cinco pailas donde era hervido, con el fuego de la leña, hasta un punto óptimo de densidad para fabricar papelón, con los moldes de madera respectivos, y alfondoque y alfeñique, dos tipos de golosinas muy apreciados por la colectividad orituqueña. Asimismo, lo utilizaban para la elaboración de aguardiente, lo que requería de un cuarto oscuro, una batería de cubas para fermentar el jugo o guarapo y un alambique para destilar el derivado alcohólico, cuya graduación debía ser de 40 oGL, aunque algunas veces sobrepasaba tal medida; esta actividad era supervisada por un funcionario de las rentas de licores municipales, la que tenía dos inspectores encargados de esa labor, uno de los cuales era el señor John Méndez en los años cincuenta de la centuria XX.

            El papelón lo vendían, hacia 1950, con peso de un kilogramo por unidad y a razón de setenta bolívares la carga, equivalente a ochenta papelones cada una, que envolvían con el bagazo de caña; su mercado elemental era Altagracia y otros pueblos de Orituco, mientras que el aguardiente lo comercializaban en Caracas, principalmente, y en bodegas y botiquines de Altagracia, envasado en bidones o “carboyas”, con la fama de ser el mejor de la región, donde había otras haciendas que elaboraban ambos productos, entre las cuales estaban Santa Rosa, Garabán y Tocoragua. El precio de esos artículos disminuyó significativamente, al extremo que bajó el rendimiento de las haciendas de caña orituquenses e hizo pensar a los productores en soluciones urgentes para esa situación perjudicial.

4.- Prueba victoriosa
            Coincidiendo con aquellas circunstancias desfavorables, don Miguel Ávila tuvo la oportunidad de conocer en Caracas al presidente de la Compañía Anónima Venezolana de Tabaco (CAVET), empresa productora de cigarrillos Capitolio, quien lo motivó para hacer una prueba con tabaco Virginia en La Rubileña, la cual fue ejecutada favorablemente con crédito aportado por la misma fabrica cigarrera. Los primeros trabajos fueron hechos hacia 1951; incluyeron la aradura con dos bueyes llamados Tumbaga y Ojo Negro, que los manejaba un portugués de nombre Blas Balagao, quien ya trabajaba en esa hacienda, donde los utilizaba preparando la tierra para sembrar y aporcando los frutos menores; estos animales fueron de gran utilidad para el isleño Juan Gómez, un español-canario de Gomera conocedor de las exigencias del tabaco, quien fue empleado por don Miguel Ávila para coordinar actividades atinentes a ese cultivo. La casa principal sirvió de horno para la primera cosecha obtenida, que fue de excelente calidad, según lo indicó el altísimo porcentaje de hojas amarillas.  

            El resultado de aquella prueba fue tan exitoso que ocasionó la sustitución de la caña dulce por el tabaco, dada su mayor rentabilidad, lo que significaba la aplicación de nuevos criterios económicos y tecnológicos mediante: un aumento de la superficie a cultivar; la incorporación de varios isleños expertos en ese vegetal; la edificación de hornos tabacaleros a cargo del canario Manolo Hernández como constructor, los cuales se activaban con querosén; la adquisición de un tractor Massey-Harris con su respectiva rastra para reemplazar a los dos bueyes, etcétera. Con este tractor sumaban dos en Orituco; el otro estaba en la hacienda Campo Alegre, de acuerdo con una información publicada en el quincenario altagraciano Correo del Orituco, de la segunda quincena de abril de 1968, dirigido por Víctor Pérez Pérez; después hubo un tractor más, de marca Oliver, en la hacienda Tocoragua.

             El tabaco de La Rubileña lo llevaban a la factoría de CAVET, ubicada en San Martín, Caracas. El éxito tabacalero de esa hacienda sirvió para estimular la proliferación de ese cultivo en otras fincas orituquenses, lo que se acrecentó con tanta determinación que fue el sustituto de la caña dulce; esto denotaba un mejoramiento económico sustancioso y sustentable para los hacendados. Valga un paréntesis para recordar que La Carmenatera era la única unidad de producción valleorituqueña donde no sembraban caña; allí predominaban las naranjas.  

5.- Personal
            Las labores relacionadas con la producción tabacalera, cuando esta realidad se había consolidado en La Rubileña, incluían, entre otros, los elementos siguientes: de ocho a diez isleños canarios encargados del cultivo de la planta; veinte peones cosechadores; un tractorista y dos obreros cargadores para trasladar las hojas hasta los hornos; quince a veinte mujeres para el encuje; la cura en los hornos a cargo de los isleños expertos; un grupo de mujeres clasificadoras. Esto revela que había una división social del trabajo con respecto al sexo. La clasificación la hacían según el color y la integridad de la hoja: amarillo indicaba mejor calidad; marrón oscuro era inferior al amarillo y superior al bajero. Este último era de baja categoría por estar muy maltratado y no tener el color conveniente; tenía tres niveles: bajero uno, bajero dos y bajero tres.

            Es oportuno resaltar que una práctica hecha común fue el uso de guano (importado de Chile) para abonar y de orina por su contenido de urea, ante la dificultad de adquirirla en el mercado, como sucedía igualmente con los plaguicidas; por esto combatían a los gusanos quitándoselos uno a uno a cada mata y echándolos en un sombrero; los peones ganaban un bolívar por cada sombrero lleno de esa plaga. Conviene decir que don Miguel Ávila se residenció con su esposa e hijos en La Rubileña, donde también laboraban algunos familiares suyos muy cercanos: Jesús y Juan Ramón Ávila, caporales; Rafael y Alberto Ávila, tractoristas; Arturo y Napoleón Ávila, choferes (sobrino el sexto y hermanos los demás).

6.- Dos recursos  importantes
            En la hacienda había un sistema hidráulico que se surtía con agua del río Orituco, la cual, desde la finca El Onoto sita al norte, descendía por gravedad y a través de un canal construido en los cerros aledaños hasta La Rubileña, donde era utilizada para activar el trapiche y la planta eléctrica. Es justo recordar que el señor Nicasio Benavente era el encargado de la distribución del agua que se hacía desde este sistema, durante varios años hasta que terminaron las actividades.

            El trapiche constaba de una rueda metálica giratoria, quizás de cinco a seis metros de diámetro, que se activaba con la fuerza del agua que le caía sobre las paletas de madera desde un canal elevado; esa rueda estaba conectada mediante un engranaje a unos gruesos rodillos de metal, que, al girar, servían para la molienda de la caña dulce y así extraerle el jugo o guarapo que, por medio de un canal, iba a las pailas para la elaboración del papelón antes comentada. El agua regresaba al río Orituco por una acequia hecha con esa finalidad. Toda esta instalación, excepto la rueda, estaba techada con zinc al igual que otras.

            La planta era encendida al activarse el movimiento del generador de electricidad (dínamo), mediante una correa conectada a una turbina que giraba impulsada por la fuerza del agua, la cual le llegaba, por gravedad y con abundancia, descendiendo a alta velocidad por un tubo de quince a dieciséis pulgadas de diámetro aproximado y una inclinación quizás de 40º, desde un tanque ubicado acaso a veinte metros de altura. El agua también regresaba al río Orituco por medio de una acequia como en el caso del trapiche.

            El señor Carlos Maurel era el encargado de encender la planta a las seis de la tarde y apagarla a las nueve de la noche. Esta planta estaba en La Rubileña cuando don Miguel Ávila asumió el arrendamiento de esa hacienda. Una versión, narrada por el médico-escritor Rodrigo Infante Marrero en su libro La prole de Evaristo (1989, pp. 7 a 10), revela que habría sido instalada hacia 1926 por el dueño de esa finca en esos días, el italiano don Arturo De Gregorio, con la ayuda de sus hijos y del señor Ángel Constant, quien era muy inventivo para estos quehaceres. Don Arturo la importó de Estados Unidos, vía La Guaira, y logró que fuese trasladada a La Rubileña después de superar muchas dificultades por caminos fragosos recorridos en el transcurso de varios meses. Don Arturo vendió la hacienda, con la planta incluida, en 1929; luego compró la finca Tocoragua donde falleció como consecuencia de la hematuria en 1930.

7.- Novedad tecnológica
            Al principio, aquella planta proporcionaba únicamente electricidad para la finca; después sirvió además para el alumbrado público de Altagracia de Orituco, donde significó un módico e importante cambio cualitativo, a pesar de la baja intensidad de la luz, porque fue la introducción de un adelanto tecnológico en el pueblo para sustituir un servicio muy limitado, que había sido hecho con faroles de querosén, encendidos por un farolero, desde el 5 de julio de 1874, al decir de Adolfo Antonio Machado en sus Apuntaciones para la historia de Altagracia de Orituco (1961, p. 90; 2008, p. 204).

            Aquel reducido avance, dado por la primera planta eléctrica de Orituco, fue posible gracias a un contrato del dueño de la hacienda con el Concejo del otrora distrito Monagas del estado Guárico, de acuerdo con el cual este cuerpo edilicio debía pagar una determinada cantidad de dinero, que, inicialmente, habría sido de trescientos bolívares por quinientos bombillos y durante el mismo horario que regía para la finca. Este convenio permitió tender las líneas de cables desde La Rubileña, por el camino de Guanapito a La Carmenatera con rumbo hacia Altagracia de Orituco, donde era aprovechada su utilidad aún en el año 1943, aproximadamente, cuando fue instalada en la población una planta eléctrica que funcionaba con gasoil, aportada por el ejecutivo regional guariqueño, según lo aseveró el gracitano Agustín Fernández, quien fue uno de sus operadores; pero la de La Rubileña siguió al servicio de la hacienda hasta que en esta cesaron las labores hacia 1958, como consecuencia de la decisión ejecutiva nacional de construir el embalse Guanapito por medio del otrora Ministerio de Obras Públicas (MOP); esta obra fue iniciada en 1959 e inaugurada en abril de 1963 por el Presidente Rómulo Betancourt.      

Altagracia de Orituco, mayo de 2016.


FUENTES
1.- Bibliográficas
            INFANTE, Rodrigo. La prole de Evaristo. Altagracia de Orituco. Edición de la      Casa    de la Cultura Jesús Bandres. 1989.

            LORETO LORETO, Blas.  Alborada, pie de luz para medio siglo.  Altagracia de Orituco. Edición de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del estado     Guárico. 2009.

            MACHADO, Adolfo A.  Apuntaciones para la historia (obra escrita entre 1875 y          1899). Madrid. Publicaciones Amexco. 1961.

            MACHADO, Adolfo A. Recopilación de apuntaciones para la historia de Altagracia de           Orituco hasta el siglo XIX. Altagracia de Orituco. Edición de la Alcaldía de municipio      José Tadeo Monagas del estado Guárico. 2008.

 
2.- Hemerográfica
            “El tabaco Rubio: Base económica de Orituco”. Correo del Orituco. Director: Víctor      Pérez Pérez. Año I - Nº 1. Altagracia de Orituco, segunda quincena de abril de 1968, pp. 4, 5. 


3.- Informaciones orales
            ÁVILA ARROYO, Carlos. Altagracia de Orituco, lunes 18 de abril de 2016.

            ÁVILA ARROYO, Miguel. Altagracia de Orituco, jueves 28 de abril de 2016.

            ÁVILA TIRADO, Napoleón. Taguay, martes 3 de mayo de 2016.

            FERNÁNDEZ, Agustín. Altagracia de Orituco, viernes 2 de marzo de 2012.




 

Espacio correspondiente al lugar donde estuvo la hacienda La Rubileña, en  la parte norte del embalse Guanapito, con notable sequía por efecto del fenómeno natural El Niño. Obsérvese: restos del trapiche (rueda hidráulica de hierro y base de madera del molino metálico), del canal elevado de agua y, al fondo, una estructura de madera correspondiente a los hornos de tabaco; además del nivel de descenso del agua y de la acumulación de sedimentos. Foto: C.L.G., domingo 17 de abril de 2016.
 
Restos de los hornos de tabaco de la hacienda La Rubileña. Foto: C.L.G., miércoles 20 de abril de 2016
 
Parte de la planta hidroeléctrica de la hacienda La Rubileña. La capa de sedimento que la rodea quizás sobrepase el metro de espesor. Foto: C.L.G., domingo 17 de abril de 2016
 
“Don Arturo De Gregorio manejando en 1928 la planta de energía eléctrica que construyó [sic]  en  La Rubileña”.  Reproducción de la foto portada y de su leyenda, correspondientes al libro La prole de Evaristo, escrito por Rodrigo Infante Marrero y editado por la Casa de la Cultura Jesús Bandres de Altagracia de Orituco, en 1989. Comentario: C.L.G., Altagracia de Orituco, sábado 23 de abril de 2016
 
Grupo de niños en la hacienda La Rubileña. De izquierda a derecha: Carlos Ávila Arroyo, Salomé Ávila Arroyo, sentada en las piernas de la joven señora Ligia de Lentini, y Gardenia Ávila Palacios; detrás, en el mismo orden: Pedro Miguel Jaramillo, Miguel Ávila Arroyo y otro niño no identificado. Esa hacienda quedó cubierta por las aguas del embalse Guanapito en 1962. Foto: Colección de Carlos Ávila A.; data quizás de mayo del año 1949. Comentario: C.L.G., Altagracia de Orituco, sábado 23 de abril de 2016