viernes, 7 de diciembre de 2012

SIGNIFICACION HISTÓRICA DE LA MASACRE DE CANTAURA




SIGNIFICACION HISTÓRICA DE LA MASACRE DE CANTAURA
Carlos A. López Garcés
Cronista de Altagracia de Orituco
Estado Guárico

            La llamada Masacre de Cantaura, sucedida durante el gobierno presidido por Luis Herrera Campíns, fue una operación militar ejecutada por órganos de seguridad del Estado venezolano, al amanecer del lunes 4 de octubre de 1982, contra un grupo de cuarentiún insurgentes del Frente Guerrillero Américo Silva, cuando se disponía a realizar el Pleno Nacional del partido Bandera Roja, al cual pertenecía. El hecho ocurrió en el sitio denominado Mare Mare o Los Changurriales de Morocho Evans, a nueve kilómetros de Cantaura, en el estado Anzoátegui; allí murieron veintitrés camaradas que soñaban con una patria verdaderamente libre, independiente, autónoma, soberana y democrática, donde imperara la justicia en todos sus ámbitos, como fundamento elemental para dignificar la condición humana del ser venezolano. El grupo fue sometido a los efectos de la explosión de diecisiete bombas de doscientas cincuenta libras cada una y al cerco de más de mil quinientos efectivos del Ejército, de la Guardia Nacional y de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP). Algunos lograron evadir aquella acción exterminadora; unos murieron en el intento de escapar y otros resultaron heridos, que luego fueron ejecutados con tiros de gracia.

Para la comprensión del significado histórico de esa masacre es necesario ubicarse en el tiempo y resaltar, primeramente, que la dinámica de la sociedad capitalista está regida por la imposición de los intereses de la alta burguesía, como clase dominante, sobre los de las dominadas; aquella es poseedora del poder económico por ser propietaria de los medios de producción (lo que es decir: tierra, capital y fuerza de trabajo ajena) y, por ende, dueña y usufructuaria de los mayores y mejores beneficios sociales producidos, al apropiarse de la plusvalía generada por las clases trabajadoras; por esto insiste en adueñarse del poder político y mantenerlo para asegurarle la subsistencia al modelo de sociedad que le garantiza esos privilegios. Ese poder político lo ejerce mediante un régimen gubernamental oligárquico, que tiene la obligación de proteger el mantenimiento del Estado capitalista, para lo cual, incluso, proyecta, desarrolla y ejecuta políticas de terror como prácticas rutinarias cuando surjan elementos opositores a ese modelo de sociedad antihumano.

Esa protección estatal, en el caso venezolano y particularmente para el momento de la masacre de Cantaura, estaba favorecida por varios factores, entre los cuales es oportuno mencionar los siguientes:

1.- La colonización

La República de Venezuela era un Estado colonizado (hoy en proceso de transición hacia el socialismo), que había sido sostenido por gobiernos dictatoriales o democráticos, dependientes y aliados del imperialismo norteamericano, mientras no perjudicaran intereses del capitalismo nacional e internacional, como ocurrió, por ejemplo, con el gobierno democrático presidido por el general Isaías Medina Angarita, quien fue derrocado, entre otras causas, por la eliminación del inciso sexto del artículo 32 de la Constitución de 1936, según el cual estaba prohibido en Venezuela y considerada como traición a la patria cualquier actividad relacionada con la divulgación del ideal comunista, y por la aprobación de leyes nacionalistas, entre las cuales resaltaba la de hidrocarburos que obligaba a las transnacionales petroleras instaladas en Venezuela a pagar el 50 % de sus ganancias (el célebre fifty-fifty) y la de reforma agraria que abolía el carácter latifundista de la tenencia de la tierra. Lo propio sucedió con la dictadura encabezada por el general Marcos Pérez Jiménez, en cuya destitución influyó, amén del descontento popular y otras razones, su proyecto ferrocarrilero nacional porque atentaba contra la industria automotriz norteamericana, sobre todo la del transporte pesado, que tenía a Venezuela como uno de los mercados principales latinoamericanos, máxime cuando en este país aun no se ensamblaban automóviles. La inherencia del gobierno estadounidense estuvo presente en ambos casos.


2.- La constitucionalidad

La subsistencia del Estado capitalista venezolano estaba sustentada en la Constitución, las leyes y otros instrumentos jurídicos, concebidos a la justa medida de los intereses de la clase dominante y del imperialismo. No era casual que la Constitución vigente durante el régimen del general Eleazar López Contreras contemplara, en el inciso 6° del artículo 32, la prohibición de propagar la doctrina comunista, lo que le permitió a ese gobierno expulsar del país a un grupo de venezolanos acusados de ser partidarios de esa ideología; tampoco era una casualidad que, por una parte, el texto constitucional reconociera el otorgamiento de derechos humanos y, por la otra, autorizara al Presidente de la República para suspenderlos cuando lo considerase conveniente, como hizo el Presidente Rómulo Betancourt Bello, quien suspendió las garantías ciudadanas a poco tiempo de haber sido concedidas mediante el título tercero de la Constitución aprobada el 23 de enero de 1961 y las mantuvo suspendidas durante su mandato, lo que le sirvió para reprimir con ferocidad a todo indicio de oposición a su gobierno, específicamente dirigida a quienes luchaban contra la dominación imperial capitalista y por la instauración del socialismo en Venezuela.

3.- La organización institucional

La clase dominante contaba con su propia institución gremial representada por FEDECAMARAS y con la Iglesia Católica para lograr sus propósitos; asimismo, aupaba la formación de partidos políticos y otros tipos de organizaciones, con la finalidad  de reforzar la defensa del modelo de sociedad capitalista imperante. La dirigencia alienada de esas organizaciones tenía, a su vez, la tarea de alienar a la masa trabajadora, representativa de las clases dominadas, para someterlas al servicio de sus propios explotadores, agrupados en la clase dominante. Ese rol lo cumplían fundamentalmente los partidos firmantes del denominado Pacto de Punto Fijo: Acción Democrática (AD), Socialcristiano COPEI (Comité de Organización Popular Electoral Independiente) y Unión Republicana Democrática (URD), además de otros de menor trascendencia nacional.

4.- La represión

La clase dominante no ejecutaba directamente su política de terror y exterminio. Lo hacía por intermedio de los llamados “aparatos represivos”, estructurados especialmente para cumplir esa finalidad, entre los cuales estaban: las entonces denominadas Fuerzas Armadas Nacionales (FAN), integrada por el Ejército Nacional de Venezuela (ENV), la  Fuerza Aérea Venezolana (FAV), la Armada o Marina de Guerra y la Guardia Nacional (GN); el Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armadas (SIFA), luego llamada Dirección de Inteligencia Militar (DIM); la Dirección General de Policía (DIGEPOL), identificada después como Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP); la Policía Técnica Judicial (PTJ); los cuerpos policiales de los estados y de los distritos (ahora municipios).

5.- La ideologización

La preparación psicológica colectiva, realizada mediante diversos recursos comunicacionales, le permitía a la clase dominante divulgar profusamente el pensamiento capitalista para motivar la alienación de las clases trabajadoras y, gracias a estas contradicciones con ellas mismas,  la aceptación  inconsciente de  las falsas, supuestas o aparentes bondades concedidas por el capitalismo a las clases dominadas. A esa misma preparación psicológica alienante eran sometidos los miembros de los aparatos represivos, con la finalidad de convencerlos ideológicamente para percibir la ejecución de las medidas represivas y de exterminio como parte de la aplicación de una política indispensable para la dominación ideológica del sistema capitalista. Tanto debía ser el efecto psicológico para lograr esa convicción, que utilizaban diferentes medios para estimular la percepción de un acto aterrador como si fuese algo natural, válido, justificable, que hasta podía ser disfrutado sin sentimientos de culpabilidad por quien lo ejecutara, tal como lo incitaba aquella especie de copla macabra, entonada rítmicamente durante los entrenamientos anti-guerrilleros, que decía:  “Quiero bañarme / en una bañera / llena de sangre, / de sangre guerrillera”.

6.- La inconsciencia

La clase dominante explotadora, ejerciendo su poder oligárquico, apelaba a distintos recursos para impedir que las clases generadoras de los bienes sociales, tomaran consciencia de clases explotadas y dominadas, que entendieran la realidad de estar sometidas a las imposiciones de un régimen expoliador. Tanto era el efecto que la mayoría de sus integrantes militaba en los partidos propugnadores del capitalismo o simpatizaba con ellos. Esto facilitaba la conformación de los “aparatos represivos” con personas de las clases dominadas y su utilización para reprimir a sus propias clases, particularmente a quienes fuesen identificados como adversarios del régimen capitalista.

La mayoría de las clases explotadas desconocían, no entendían y/o no aceptaban que ellas, con su fuerza de trabajo, generan la plusvalía, de la cual se apropia la clase dominante para usufructuarla como si hubiese sido su productora, asumiendo su propiedad al hacer creer que le corresponde porque es dueña del capital.       

7.- La cultura

La dinámica de la sociedad capitalista está regida por patrones de conducta de vieja tradición, que revelan las prácticas comunes y consuetudinarias de anti-valores culturales característicos, heredados de modelos de sociedades coloniales y pre-capitalistas donde la ética, la moral y las buenas costumbres no eran los factores preponderantes que regulaban el comportamiento de la clase dominadora ni de los mandatarios principales vinculados a ella.

Los principios teóricos de esa ética, de esa moralidad y de esas buenas costumbres eran contradictorios con lo practicado por la clase dominante. Mientras que por un lado incitaban a las clases dominadas a cultivar la honestidad, la honradez, la solidaridad, la lealtad, la responsabilidad, la humildad, la transigencia, el respeto, la amistad, la concordia, el amor, el perdón, la justicia, etcétera, y establecían medidas sancionatorias aplicables a quienes violaran esos postulados, por otra parte practicaban la deshonestidad, la deshonra, la insolidaridad, la deslealtad, la irresponsabilidad, la prepotencia, la intransigencia, el irrespeto, la enemistad, la discordia, el odio, la venganza, la injusticia, otros y toleraban la colectivización de esos anti-valores entre las clases dominadas, siempre y cuando no afectaran intereses de la clase dominadora, al extremo que su practica cotidiana, como elementos culturales de dominación, fue generalizándose e incrementándose en el transcurso del siglo XX, sobre todo en la segunda mitad de esa misma centuria cuando ocurrió su expansión con mayor intensidad.

 El ejercicio rutinario de esos anti-valores se hizo costumbre común, aceptada como algo natural, y le sirvió a la clase dominante para aplicar su política represiva en aras de su sobrevivencia, por lo que era frecuente la violación de los derechos humanos, entre los cuales debe resaltarse la del derecho a la vida.

La clase dominante capitalista no ejecutaba directamente las medidas represivas; actuaban de modo semejante a los esclavistas en los tiempos coloniales cuando “había que” reprimir a los esclavos, para lo cual utilizaban a los guatacos, quienes eran otros esclavos encargados de esa función. 


8.- La internacionalización

La aplicación de la política de terror y exterminio para defender y conservar la dominación del capitalismo imperial estadounidense tenía carácter supranacional en el siglo XX y aún lo conserva en el XXI. A modo de ilustración, basta mencionar la llamada Escuela de las Américas, establecida en Panamá desde 1946 hasta 1984 cuando fue trasladada a Fort Benning, en la ciudad de Columbus, Georgia, Estados Unidos; esta institución siempre ha tenido el objetivo de entrenar a militares latinoamericanos para combatir a los adversarios del modelo de sociedad capitalista, mediante la práctica de torturas, desapariciones, muertes, técnicas de combate, de comando e inteligencia militar; sus actuaciones han estado estrechamente vinculadas a las de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) cuya finalidad básica es procurar la estabilidad y expansión del régimen imperial. Seis ejemplos sirven para fundamentar estas observaciones: uno, los numerosos combatientes anti-imperialistas desaparecidos, torturados, muertos, presos, exiliados, etcétera, en América Latina en los últimos sesenta años; dos, el derrocamiento del gobierno guatemalteco de avanzada, encabezado por Jacobo Árbenz Guzmán, en junio de 1954; tres, la frustrada invasión a Cuba por Playa Girón (Bahía de Cochinos) en abril de 1961; cuatro, el sangriento golpe de Estado contra el gobierno chileno que presidía Salvador Allende, en septiembre de 1973; cinco, la invasión de Estado Unidos a Granada en octubre de 1983, para detener la revolución progresista iniciada por Maurice Bishop; seis, la fracasada movilización golpista contra la Revolución Bolivariana de Venezuela, que lidera el comandante Hugo Chávez Frías, en abril de 2002. Además, es pertinente recordar las intervenciones militares estadunidenses en países asiáticos y del mundo árabe.  

Conclusión

No es correcto estudiar históricamente la Masacre de Cantaura como un hecho aislado; para comprenderla debe saberse que ella fue consecuencia de la política represiva del imperialismo capitalista estadounidense, ejecutada por  aliados venezolanos para enfrentar la subversión anti-imperialista, independientemente de la magnitud del movimiento subversivo u opositor, pues el objetivo principal era (y sigue siendo) el aniquilamiento de los adversarios del capitalismo dominante, aunque esa oposición hubiese sido por la vía pacífica(1).
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(1)     Observación:
        Este trabajo fue hecho con el propósito de ser leído en el foro sobre la Masacre de Cantaura, que había organizado el Ministerio Público para realizarlo el lunes 30 de julio de 2012, en el auditorio del Grupo Escolar José Ramón Camejo de Altagracia de Orituco,  pero fue pospuesto para el jueves 8 de agosto del mismo año y en el mismo lugar. El autor no pudo asistir a esa actividad con el objeto de leerlo y explicarlo, como estaba previsto, por razones ajenas a su voluntad. (C.L.G.)