miércoles, 5 de diciembre de 2018

4 DE JUNIO DE 1676: UNA FECHA DISCUTIBLE EN ORITUCO


Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco
“La historia hay que mirarla a través del documento”
Fustel de Coulanges
(Historiador francés. 1830-1889)

El libro de bautismos, velaciones y casamientos de la iglesia del Valle de San Miguel del Rosario de Orituco, iniciado por el padre Juan de Barnuevo el 4 de junio de 1676, está resguardado en el archivo de la parroquia Nuestra Señora de Altagracia, estado Guárico. El primero de los folios está muy dañado; sin embargo, contiene restos de la nota de apertura de ese legajo, cuyo texto completo fue el siguiente:

“[Libro de baptismo]s, velaciones y casamientos [de feligreses] pertenecientes a este Valle de San Miguel del Rosario de [roto] soto [sic] de La Cruz del Maestre de Campo Pedro de Mezones, fecho desde [4] de junio deste año de 1676, que se fundó esta santa iglesia por el Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Maestro Don Fray Antonio González de Acuña, Obispo Benemeritísimo de Venezuela y Caracas, cometida a mi Juan de Barnuevo, cura capellán en ésta y son los que se han baptizado y velado los siguientes. Juan de Barnuevo”.

Es pertinente decir que los datos expuestos entre corchetes fueron tomados de dos fuentes para reconstruir el documento. Una fue la publicación hecha por monseñor Rafael Chacín Soto en su columna “Papeles y voces de ayer”, editada en la página 2 del periódico Alborada Nº 11, que, dirigido por el profesor calaboceño Blas Loreto Loreto,  circuló en Altagracia de Orituco el 7 de agosto de 1950, en la cual se mencionó como fecha el 2 de junio, lo que es un error evidente. La otra fue una nota deteriorada que está inmediata a la del padre Juan de Barnuevo (como puede verse en la fotografía), quizás redactada en el siglo XVIII, en la cual es factible leer lo expuesto de seguidas: 

“Formo estos libros parrochiales el padre don Juan de Barnuevo, a cuatro [sic] de junio de 1676, según que arriba consta; y estubo de cura hasta el año de 1716, en 23 de febrero, que dentro [sic] interino el padre Manuel Pinto de Magallanes, el qual estubo de cura hasta el 30 de septiembre de dicho año de [1716] en el qual dia se enterro [sic] [roto] cura propietario de S[roto] cente de Ortuño quiera [roto] mayor onrra y gloria [roto] señor maestro don fray Francisco [roto] do con asenso y [roto] no Governador y capitán [roto] rioso lo firme [roto]”. 

Este libro eclesiástico de San Miguel habría sido el mismo que el obispo Mariano Martí encontró en Altagracia de Orituco, en la segunda quincena de marzo de 1783, cuando visitaba pastoralmente a esta población y ya la feligresía sanmiguelina estaba agregada a la altagraciana. Era el más antiguo de los libros de la iglesia “parroquial” de San Miguel, acerca del cual el prelado agregó: “…Este mismo libro tiene una nota firmada de dicho Cura capellán [Juan de Barnuevo] que dize haver formado sus libros parroquiales desde 4 [sic] de junio de 1676 para los feligreses pertenecientes a este Valle de San Miguel del Rosario de Orituco y hasta de la Cruz del Maestre de Campo don Pedro de Mesones, y que en dicho año se fundó esta Iglesia por el Illmo. y Rvmo. señor maestro fray don Antonio González de Acuña, cometida o encargada a dicho don Juan de Barnuevo, Cura capellán de dicho San Miguel…”

Esos datos aportados por el padre Juan de Barnuevo sirvieron para celebrar en 1976 un supuesto tricentenario de la creación de la parroquia Nuestra Señora de Altagracia, a lo que algunas personas le agregaron que se trataba también de la fundación de Altagracia de Orituco. Esa festividad fue el efecto de un lamentable error de interpretación, pues el documento no indica, en ninguna de sus líneas, que esa fecha correspondía a la fundación de una parroquia o de un pueblo. Una creación semejante ameritaba un dictamen previo sobre ese particular, emitido por la superioridad eclesiástica con jurisdicción en Venezuela. La nota del cura Barnuevo no tenía esa significación para San Miguel ni para Altagracia de Orituco porque este pueblo no existía; está referida  expresamente al uso del libro, a la fecha de su apertura, al sacerdote que lo comenzó, al año de la creación del templo, al fundador de “esta santa iglesia” y al cura capellán encargado de ella. 

Es conveniente subrayar, con fines aclaratorios, que el obispo González de Acuña visitó pastoralmente a San Sebastián de los Reyes en febrero-marzo de 1676, cuando el presbítero Barnuevo ejercía el sacerdocio en esa ciudad. Ese mismo prelado, mediante carta fechada en Turmero el 22 de abril de ese año de la visita, notificó al rey acerca de la construcción de iglesias en varias poblaciones, entre las cuales estaba la de San Sebastián de los Reyes a cuya territorialidad pertenecía San Miguel del Rosario. ¿Uno de aquellos templos era el sanmiguelino?

El padre Barnuevo tenía el deber de organizar los libros del registro eclesiástico de una feligresía cuya iglesia era nueva y para la cual estaba recién comisionado, pues hacía poco tiempo de su llegada a San Miguel desde San Sebastián de los Reyes, de donde lo habían transferido por graves problemas de conducta, de los cuales se enteró el propio obispo. Es antihistórico afirmar que aquella apertura equivale a la fundación de una parroquia o de un pueblo, porque lo que revela el documento es que se trató, sencillamente, de un acto protocolar ejecutado por el cura Barnuevo en cumplimiento de una responsabilidad sacerdotal, que coincidió con el año de la fundación de un templo nuevo; era el mismo deber que tenían otros sacerdotes con sus feligresías en casos similares. ¿Qué relación había entre aquella iglesia de San Miguel y el compromiso que tenían los encomenderos lugareños de construir un templo para el adoctrinamiento de los indios encomendados a su cargo, de acuerdo con las normas del entonces imperante régimen de trabajo gratuito y obligatorio, que los indígenas debían cumplirle durante tres días semanales al encomendero respectivo, cuando aún faltaban diecisiete años y nueve meses para el surgimiento de Altagracia de Orituco, el 1 de marzo de 1694 como consecuencia de la abolición de ese sistema de servicio personal en 1687? 

Por otra parte, la ocasión es apropiada para anotar que llama mucho la atención los quince meses y veinticinco días transcurridos desde la fecha de apertura de aquel libro eclesiástico hecha por el clérigo  Barnuevo y la del primer bautismo que registró allí el 29 de septiembre de 1677, el cual correspondió a un negro adulto de nombre Domingo, quien era esclavo de don Pedro de Mezones. El segundo lo dispensó en diciembre de ese año a María Rosa, mulata esclava, hija legítima de Domingo, indio encomendado de doña Catalina de Rangel, y de Juana, negra esclava de Juan de Ortuño. Los siguientes fueron realizados el 25 de mayo de 1678, cuando confirió el sacramento a dos negras adultas identificadas como María y Victoria, quienes eran esclavas del tesorero Fernando Aguado de Páramo. Los daños del documento apenas permiten saber que, en ese mismo año 1678 y después de esas dos negras, se lo administró a una esclava del alférez Melchor Muñoz de la Vega y a una india de la encomienda del capitán Juan de Laya, cuyo padrino fue un alférez, quizás del valle sanmigueleño. En resumen: El padre Barnuevo no realizó bautismos durante el lapso comprendido de los primeros días de junio de 1676 a los últimos de septiembre del año siguiente; solo efectuó dos bautizos en el  tercio final de 1677 y ninguno en el primer cuatrimestre de 1678. ¿Qué ocurría con la evangelización en San Miguel entonces? 
Altagracia de Orituco, 31 de mayo de 2018.



FUENTES


 
I.- Documentales
ARCHIVO DE LA PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA. Altagracia de Orituco, estado Guárico. Libro de bautismos de San Miguel del Rosario y del pueblo Nuestra Señora de Altagracia. Años 1677-1744.


 
II.- Biográficas
CASTILLO LARA, Lucas Guillermo. San Sebastián de los Reyes. La ciudad trashumante. Caracas. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, vol. 172, t. I, 1984.


 
MARTÍ, Mariano. Documentos relativos a su visita pastoral de la Diócesis de Caracas. 1771-1784. Libro personal. Caracas. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, vol. 96, t. II, 1969.


 
III.- Hemerográfica
CHACÍN SOTO, Rafael. “Papeles y voces de ayer”. Alborada. Director: Blas Loreto Loreto. Año I – Mes VIII – Nº 11. Altagracia de Orituco, 7 de agosto de 1950.


La gráfica muestra el resto documental de la apertura del libro de bautismos, velaciones y casamientos de la iglesia del Valle de San Miguel del Rosario, hecha por el padre Juan de Barnuevo el 4 de junio de 1676. Foto: Carlos A. López Garcés, jueves 16 de enero de 2014

martes, 13 de noviembre de 2018

ORIGEN DEL TOPÓNIMO ALTAGRACIA DE ORITUCO


Carlos A. López Garcés

Cronista de Orituco

 

 

            La idea de explicar la procedencia del nombre Altagracia de Orituco ha originado dos versiones tradicionales, que son repetidas con mucha frecuencia aun en instituciones oficiales. De acuerdo con la primera, de menor difusión, ese toponímico es debido a la alta gracia que el rey de España concedió a los indios guaiqueríes orituqueños, cuando les otorgó el terreno de la población como respuesta a la solicitud sobre ese particular que había hecho el corregidor y justicia mayor, alférez Martín Pellón y Palacio a mediados de 1714, ante un juez comisionado para tal efecto. Según la segunda, la más divulgada, los guaiqueríes defendieron con lealtad unos derechos territoriales pertenecientes a su comunidad, en un pleito judicial que sostuvieron contra el guipuzcoano José Diego de Aragort Yriarte, quien pretendía apropiarse de tales derechos en litigio. El rey -continúa la leyenda- agradecido por la lealtad de esos indígenas, les otorgó la alta gracia de no pagar impuestos y de aquí proviene el nombre del poblado.     

            Debe decirse que en la primera versión es verdad la demanda de un nuevo territorio hecha por Pellón y Palacio en el año señalado para la reubicación de los indígenas, cuyas tierras, que habían sido asignadas cuando fundaron el pueblo, estaban invadidas por hacendados vecinos; además, que en la segunda lo cierto es lo de la contienda  judicial entre las partes mencionadas, sucedida de 1807 a 1812. No obstante, ninguna de las dos tiene relación con el origen del nombre del pueblo, porque éste lo tenía mucho antes de los sucesos que ocasionaron las versiones comentadas. Así lo revelan distintos documentos, de conformidad con los cuales la denominación del poblado es de esencia católica, pues proviene de la Virgen de Altagracia que, desde el punto de vista religioso, es la advocación conferida a la Virgen María por recibir el don excelso, el beneficio divino, la alta gracia de ser la madre del hijo de Dios.

            Es pertinente recordar que la población comenzó sin nombre propio el 1º de marzo de 1694 y no se ha definido cuando se lo dieron ni cuando fue creada esta parroquia eclesiástica. Sin embargo, escrituras correspondientes a partidas de bautismos registradas en el libro respectivo de San Miguel del Rosario de los años 1697 y 1698, firmadas por el padre Juan de Barnuevo, que están resguardadas en el Archivo de la Parroquia Nuestra Señora de Altagracia (Altagracia de Orituco, estado Guárico), sirven para evidenciar la naturaleza católica del topónimo en estudio, tal como se demuestra seguidamente:  

 

            “[Al margen: Domingo Candelaria]. En 3 de febrero de 97 años, baptise [sic], puse óleo y crisma y di bendiciones a Domingo Candelaria, hijo legítimo de Juan Astasio [sic] y de Juana María. Fueron sus padrinos: Juan de Muñoz y María, su mujer. Todos asistentes en esta población de Altagracia. Y porque conste lo firmé. [/] Juan de Barnuevo.”

[…]

            “[Al margen: Juan Assencio]. En 30 de mayo, año de 97, baptise [sic] y puse óleo y crism[a] [roto]ciones a Juan Assencio [sic], y hi[jo] legítimo de Gaspar y Jas[roto] de la población de Nuestra Señora de Altagracia. Fueron sus padrinos: [roto] y Polonia de dicha población. Y para que conste lo firmé. [/] Juan de Barnuevo.”

 

            Con esta información documental puede inferirse que al pueblo de indios guaiqueríes, como era conocida inicialmente aquella comunidad, le habrían dado el nombre de Nuestra Señora de Altagracia entre marzo de 1694 y enero de 1697. Ese toponímico estaba ratificado el 6 de enero de 1698, cuando el padre Barnuevo bautizó a Maricela [sic], quien era hija de una viuda pagana llamada Antonia y cuyo padrino fue “…Agustín Mosqueda, vecino deste [sic] pueblo de Nuestra Señora de Altagracia…” Aquel cura también le administró el sacramento ese mismo día a Isabel, hija de Francisca y Tuare, indios adultos, y quien tuvo por padrinos a “…Antonio Caracas [sic] y Phelipa, asistentes en este pueblo de Nuestra Señora de Altagracia…” Además, en igual fecha procedió a bautizar a “…Juana, hija de Orocope y Caraspane, indios paganos, y fue[roto]drinos Domingo de Alfaro y Juana, su mujer, asistentes en es[roto] Nuestra Señora de Altagracia…”


            Otra prueba sobre el origen religioso del topónimo comentado la muestra un inventario hecho el 22 de junio de 1709, con motivo de la entrega del templo gracitano por parte del padre Jacinto Vanders al cura Juan Vicente de Ortuño; allí dice textualmente al inicio: “En este pueblo de Nuestra Señora de Altagracia, de indios guaiqueríes, jurisdicción de San Sebastián de los Reyes, en veintidós del mes de junio de mil setecientos y nueve años…”  Una evidencia más está contenida en la propia solicitud de terrenos para la reubicación de los indígenas pobladores de Altagracia realizada por Pellón y Palacio en julio de 1714, en la cual puede leerse al principio lo siguiente: “El alférez Martín Pellón y Palacios [sic], corregidor y justicia mayor de este pueblo de Nuestra Señora de Altagracia, de indios guaiqueríes…” Este dato contradice por sí mismo la primera versión sobre la procedencia del topónimo que motiva este escrito. También es  oportuno anotar que el obispo Mariano Martí observó, en marzo de 1783 cuando visitaba pastoralmente a las parroquias orituquenses, que al pueblo lo llamaban comúnmente “…de Altagracia por ser éste el título de su patrona…”  

            Es conveniente resaltar que el toponímico estudiado es consecuencia de modificaciones sucedidas con el transcurrir de los años. El caserío empezó sin nombre propio y era conocido sencillamente como pueblo de indios guaiqueríes (valga la repetición); luego, al poco tiempo de su comienzo, fue identificado como pueblo de doctrina de Nuestra Señora de Altagracia; así era todavía en las últimas décadas del siglo XVIII cuando empezaron a ampliarle la denominación y pasó a ser pueblo de Nuestra Señora de Altagracia de Orituco, hasta que llegaron los cambios republicanos de la segunda mitad del siglo XIX cuando desapareció el Nuestra Señora y fue llamado solamente Altagracia de Orituco como todavía se le conoce.


            El complemento Orituco deriva del río a cuya orilla está ubicado desde su origen. Esa palabra proviene del quechua uritu-cu, que significa guacamayas, loros, cotorras, pericos, periquitos, etcétera; así en plural, con sentido de abundancia, indicado por la partícula  cu, co que es un aumentativo adjetivante, pues el singular es uritu, voz usada por los incas para identificar genéricamente a una de esas aves psitácidas. 

 

Altagracia de Orituco, 15 de junio de 2018.

 

Nota. Para mayor información pueden ser consultados los libros Altagracia de Orituco: Un topónimo y su gentilicio y Tiempos coloniales de Altagracia de Orituco (1694-1810), cuyo autor es el mismo de esta síntesis.

 

Vista panorámica de Altagracia de Orituco. Foto: Henrique Avril; publicada en El Cojo Ilustrado Nº 94, Caracas, 15 de septiembre de 1895, p. 726.


lunes, 13 de agosto de 2018

PEDRO NATALIO ARÉVALO GARCÍA


Carlos A. López Garcés

Cronista de Orituco

 
 

El doctor Pedronatalio, como se le conoció sencilla y comúnmente, fue un acreditado profesional de la abogacía a quien le resaltaba orgullosamente el gentilicio orituqueño. Conservó intactas sus querencias por el terruño. Nació en Altagracia de Orituco el 1º de diciembre de 1914. Hijo del escritor don Natalio Arévalo Cedeño y doña Antonia García de Arévalo. Bautizado el 4 de abril de 1915, en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Altagracia de Orituco, por el presbítero Baldomero Rauseo y apadrinado por Pedro Arévalo y Socorro García. Casado en 1949 con Delia Suárez Machado, con quien tuvo tres hijos: Pedro Natalio, Hernán y Daysi Coromoto Arévalo Suárez. Estudió primaria en la Escuela Federal Ángel Moreno de Altagracia de Orituco, que dirigía el maestro y poeta santamarieño don Próspero Infante. Obtuvo el grado de bachiller en el Colegio Guárico, institución educativa gracitana fundada en 1931 y dirigida por su tío el Dr. Pedro María Arévalo Cedeño. Se graduó de abogado en la Universidad Central de Venezuela en 1941. Católico practicante, con especial devoción por el Nazareno de su pueblo natal y de Lezama. Tuvo un gran sentido del humor.

Su interesante trabajo intelectual se concentró fundamentalmente en tres áreas del conocimiento: el derecho, la literatura y la historia local. Hizo de la docencia y del periodismo valiosos recursos para la divulgación de sus saberes e inquietudes socioculturales.

 Ejerció como docente en el Colegio Santa María de Caracas, que regentaba doña Lola de Fuenmayor, y en el Liceo Roscio de San Juan de los Morros, del cual fue director. Cultivó su espíritu poético y la oratoria. Practicó el periodismo desde sus tiempos juveniles. Fundó los periódicos El Surco en 1930 y Cosechas en 1935, en Altagracia de Orituco, con jóvenes contemporáneos entre quienes estaban José Francisco Martínez Armas, Jesús María Orozco Jiménez, Luis D. Requena Laya,  J. A. Velasco, Miguel A. Trejo, Francisco J. Carballo C. y Juan Camero Aparicio; además, Pedro Natalio aportó su colaboración al semanario El Perico, fundado en 1942 en San Juan de los Morros, donde creó los medios la Vela de Sebo y el Sapo Lipón en 1945, con los cuales cooperaban Ernesto Luis Rodríguez y el doctor Castor Urbina, entre otros. Colaboró regularmente con artículos para los diarios caraqueños El Heraldo, La Esfera y el semanario Fantoches; hizo lo propio con el impreso Alborada de Altagracia de Orituco, El Nacionalista de San Juan de los Morros y otros medios guariqueños.

            Escribió crónicas de los pueblos de Orituco; entre sus trabajos publicados están: El periodismo en Altagracia de Orituco (1976); Don Jesús Bandres (1977); Reminiscencias macaireñas (1977); El Nazareno de mi pueblo (1978); Liceo Ramón Buenahora: por la ruta de sus cincuenta años, 1931-1981 (1981); Hurtado Mancebo, el iniciador (1982); Don Adolfo Antonio Machado, un orituqueño de excepción (1984); Bosquejo musical de Orituco (recuerdo al Maestro Morín y a la Banda Padre Sojo, en sus 60 años de fundada) (1990). Dejó inédito un folleto titulado Calles, sitios y aleros de Altagracia de Orituco, que, dieciséis años después de haber fallecido su autor, pudo ser editado en octubre del año 2012, gracias al auspicio del Sistema Nacional de Imprentas, capítulo del estado Guárico, adscrito a la Fundación Editorial el perro y la rana.
            Fue Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia e integrante de la Fundación Dr. Pedro María Arévalo Cedeño de Altagracia de Orituco, de la cual fue creador, Presidente vitalicio por decisión asamblearia y celador vocacional. Propulsor de la Biblioteca Adolfo Antonio Machado, anexa a esa misma institución cultural altagraciense e incorporada a la Red de Bibliotecas Públicas del estado Guárico. Murió en San Juan de los Morros el 27 de noviembre de 1996, próximo a cumplir 82 años de edad.

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Fuente fotográfica: La Voz de Orituco. Director: Ramón Alberto Mirabal Zapata. Año 3 -  Nº 29.  Altagracia de Orituco, 11 de diciembre de 2009, p. 6.

 


Pedro Natalio Arévalo García 
(1914 - 1996)

martes, 19 de junio de 2018

LUIS ENRIQUE LÓPEZ GARCÉS


Carlos A. López Garcés
Cronista de Orituco


“…la fortuna es nada delante de la virtud”
Simón Bolívar en carta a Cristóbal Mendoza
(Bogotá, 16-09-1828)


1.- Origen
            Fue uno de los personajes valiosos de la intelectualidad orituqueña del siglo XX y primeras décadas del XXI, con amplia, sólida y diversa formación autodidacta; más conocido como Chichí entre familiares y amistades. Nació en Altagracia de Orituco el 22 de septiembre de 1939.  Hijo de Ramón López Castrillo y Rosario Garcés Itriago de López. Contrajo matrimonio con Linda Cornejo Bustamante en agosto de 1962. Procreó cinco descendientes: Santiago Campos, Rita Haiderabad, Gioconda, Tania y Guaicaipuro López Cornejo.

2.-  Deserción provechosa
            Realizó estudios primarios en la Escuela Federal Ángel Moreno de su pueblo de origen y en la Experimental Dos Caminos del municipio Chacao, en la Zona Metropolitana de Caracas, lo cual le permitió obtener el certificado de aprobación de sexto grado, que otorgaba el Ministerio de Educación.  Ingresó al Liceo Ramón Buenahora gracitano, pero desistió de continuar la secundaria cuando cursaba cuarto año siendo adolescente todavía.
            Esta renuncia a la educación sistemática, académica e institucional no significaba subordinarse a la ignorancia, porque no le amilanó la idea de recurrir al autodidactismo. Desde entonces se dedicó a la lectura metódica y disciplinada de distintas áreas del saber científico y humanístico, con el aprendizaje como objetivo primordial; esto le sirvió para obtener y consolidar una vasta cultura general, con predominio de la literatura novelística, cuentística y poética venezolana, latinoamericana y de otras latitudes.
            Su vocación por el conocimiento lo motivó a vincularse con otros jóvenes altagracianos con inquietudes similares a las suyas, tanto que contribuyeron al mantenimiento y operatividad de un salón de lectura que fue identificado como Biblioteca Antonio Chacín, donde funcionaba una especie de peña literaria juvenil hacia los años cincuenta del siglo XX. Esta fue la primera biblioteca pública que hubo en Altagracia de Orituco, donde se forjaron muchos adolescentes que se oponían a la dictadura militar instaurada en Venezuela luego del golpe de Estado contra el Gobierno presidido por Rómulo Gallegos en noviembre de 1948, al decir del profesor y abogado gracitano Oscar Martínez en su libro Veinte años en la vida de un pueblo (Caracas, 2001, p. 59),

3.- Criterio político
            Se incorporó a la Juventud Comunista (JC), la cual conspiraba contra la dictadura encabezada por el general Marcos Evangelista Pérez Jiménez, junto con otras organizaciones políticas como lo eran los partidos Acción Democrática (AD), Unión Republicana Democrática (URD), Comunista de Venezuela (PCV) y militantes del Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI), quienes lo hacían a título personal, sin ser esa la directriz partidista.
             Intervino como orador en representación de los jóvenes comunistas orituqueños, en un acto celebrado el 23 de enero de 1959, con motivo del primer aniversario del derrocamiento del perezjimenato, donde participaron también militantes adecos, copeyanos y uerredistas; allí expuso su criterio acerca del triunfo electoral del presidente Rómulo Betancourt en diciembre de 1958, porque avizoraba lo antidemocrático de esa presidencia a iniciarse en el próximo mes de febrero, debido a los compromisos que el fundador y otros dirigentes de Acción Democrática tenían con el imperialismo estadounidense y con la burguesía nacional, asumidos por medio del llamado Pacto de Nueva York efectuado antes del derrocamiento de Pérez Jiménez, que fue ratificado después en Venezuela como Pacto de Punto Fijo en octubre de 1958, respaldado en ambos casos por URD y COPEI.
            No estaba equivocado, pues Betancourt anunció al ser investido como Presidente de la República que en su gobierno no entrarían los comunistas, a quienes combatió reprimiéndolos con excesiva rigurosidad, para lo cual aplicó la suspensión integral de las garantías constitucionales en el transcurso de su mandato, lo que es decir la abolición total de los derechos humanos individuales a pocos días de haber sido legalizados con la Constitución de la República de Venezuela promulgada el 23 de enero de 1961.
            Fueron tiempos de altas tensiones entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), del triunfo de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro Ruz con el socialismo como ideal de transformación republicana, y del fracaso inminente de la lucha armada pro socialista en Venezuela y en otros países latinoamericanos. El imperialismo yanqui, máxima expresión de la hegemonía capitalista mundial, requería de aliados para enfrentar la expansión del comunismo en América, que fue estimulada por el auge del Estado soviético. Esa alianza se concretó en Venezuela con el acuerdo neoyorquino y su reválida puntofijista, que contó con el apoyo institucional de la Iglesia Católica y sirvió también para renovar la satanización del comunismo, anteponiéndole el revisionismo socialdemócrata y el socialcristianismo como refuerzos doctrinarios del capitalismo, debido a lo trascendente de la repercusión económica, social y política contenida en una ideología reivindicadora del proletariado con respecto a la clase capitalista dominante. Debe aclararse que el término comunismo era usado entonces por los adversarios de este ideal como si fuese sinónimo de socialismo marxista, con la misma finalidad “satanizadora” para aupar a las tergiversaciones reformistas en boga.

4.- Joven articulista
            Colaboró con artículos de opinión para los periódicos gracitanos Voz Juvenil y El Gallito. El primero de éstos circuló de 1958 a 1959, publicado por la Organización Popular Unitaria (OPU), dirigido por Oscar Martínez (miembro del Partido Comunista de Venezuela), redactado por Próspero Julián Infante Marrero (integrante del Comité de Organización Política Electoral Independiente), Juan Mendoza Fernández (militante de Unión Republicana Democrática) y el profesor Rodulfo Pérez Guglietta (sin militancia política definida, pero identificado plenamente con el progresismo y antiperezjimenato). El segundo fue un quincenario mimeografiado de difusión ideológica y combatividad política de la seccional altagraciana del Partido Comunista de Venezuela, que, vendido a medio real, circulaba en 1960 redactado por Oscar Martínez, Tulio Mendoza Fernández y Pedro Núñez (Chema). 

5.- Convicción indeclinable
            Estuvo encarcelado en muchas ocasiones por varios días (hasta meses), sin fórmula de juicio ni derecho a la defensa, en los años sesenta de la centuria XX y, sobre todo, cuando la prefectura del antiguo distrito Monagas del estado Guárico estuvo consecutivamente a cargo de Humberto Guglietta Gimón, Adolfo Polachini, Pedro Ballesteros, Virgilio López O., etcétera, durante el régimen socialdemócrata betancourista. Otros orituqueños que vivieron iguales encarcelamientos fueron: Tulio Mendoza Fernández, Pedro Núñez (Chema), Oscar Martínez, el médico Marcos Sanoja, el abogado Plutarco Pérez Guglietta, José Salazar, Néstor Sarmiento, Hernán Manuitt, Jesús Enrique Espejo, Ramón Sosa González, Gustavo Loreto López, etcétera.
            Eran detenciones arbitrarias ejecutadas por la terrorífica Dirección General de Policía (DIGEPOL), con cualquier excusa que justificara un “carcelazo preventivo”, muy particularmente cuando ocurrían manifestaciones antigubernamentales en Caracas y otros lugares del país, como fueron, por ejemplo, desde las frecuentes protestas estudiantiles y de trabajadores hasta casos más complejos de alzamientos militares, verbigracia: la invasión antibetancourista encabezada por el general Jesús María Castro León (abril de1960), el atentado contra el presidente Betancourt (24-6-1960), el Barcelonazo (26-6-1961), el Carupanazo (4-5-1962) y el Porteñazo (2-6-1962). Los trasladaban a la Comandancia de Policía de San Juan de los Morros, donde se encontraban con los detenidos de los demás distritos guariqueños por las mismas causas. Eran presos políticos identificados como militantes comunistas y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y con eso bastaba para la detención injusta.
            La oportunidad es válida para recordar que algunos de ellos estuvieron privados de libertad en el campamento antiguerrillero ubicado en el aeropuerto de Apamate, cerca de Altagracia, o en Oruz, próximo a Sabana Grande de Orituco, a la orden del no menos aterrador Servicio de Inteligencia de las Fuerzas Armas (SIFA), cuando Raúl Leoni, en su carácter de Presidente de la República, le daba continuidad al gobierno represivo  accióndemocratista, ratificando la derogación de las garantías constitucionales.
            Chichí mantuvo su convicción ideológica fundamentada en el pensamiento marxista-leninista hasta el final de sus días. Apeló al materialismo histórico como recurso filosófico para estudiar la evolución de la sociedad humana. Aunque se desactivó políticamente, no ocultaba sus observaciones actualizadas a la problemática nacional e internacional.

6.- Columnista tenaz
            Intensificó con tesón su labor literaria, la cual quedó impresa en escritos periodísticos publicados en diferentes medios locales y regionales, entre los que es posible mencionar algunos: X (Equis), Topano, Caramacate y La Voz de Orituco de Altagracia de Orituco; El Nacionalista de San Juan de los Morros; el siglo de Maracay, etcétera. En varios de esos ejemplares está estampada La Columna de la Sugerencia, que fue de su autoría y logró mantenerla durante muchos años, publicándola con aceptable frecuencia, a pesar de ciertos impedimentos eventuales. Esa columna constituye una evidencia de la innegable capacidad de literato de su autor, quien sostuvo con ella el objetivo primario de exponer sus críticas con respecto a los temas allí tratados, entre los cuales están: Del tradicionismo venezolano; El edecán del perro; El padre Thomas R. Melville; Amalia; Apuntaciones para la Historia y don Adolfo Antonio Machado; Yerma; Jesús Bandres en un soneto; Barrabas; La revolución de la inteligencia; Tres sonetos de Juan Zeiden; Tres sonetos de Octavio D’Suze; Jesús Bandres, presidiario de la sinceridad; Ricardo Ruiz Caldera o la dulzura poética; Guillermo Loreto Mata; Elías Manuitt Camero; Democracia y dinero; Ricardo Ruiz Caldera y su ‘Ulises sin identidad’; Una definición de capitalismo; ¿Intuición científica en el Orituco?; Los epónimos y las responsabilidades.
            En medios periodísticos altagracianos también fueron dados a conocer algunas poesías de su libre creación, de las cuales es posible citar ahora: El Triunfador, Deseos, Oyendo a Paganini, A Rafael González Rodríguez, Corolario, Dios, La Muerte, Tiempos modernos. Además, otros escritos suyos sobre diferentes asuntos de interés colectivo; de éstos merece singular atención el titulado Trilogía ancestral, del que fueron publicados dos factores como partes “De un trabajo novelado sobre los orígenes étnicos más remotos de Orituco”, según confesión de su autor cuya obra merece ser recopilada plenamente con el fin de publicarla alguna vez, a modo de contribución para el entendimiento.

7.- Docente y locutor
            Ejerció la docencia de 1959 a 1961 como maestro de quinto grado en el Grupo Escolar José Ramón Camejo de Altagracia de Orituco y como profesor de biología y de castellano y literatura en la Escuela Normal Antonio Peña Garrido, fundada como una institución privada por el reputado profesor calaboceño Blas Loreto Loreto, la cual fue transferida en 1961 al Concejo Municipal del viejo distrito Monagas guariqueño, que le dio carácter público, le cambió el epónimo y la denominó Escuela Normal Rómulo Gallegos cuya última promoción sucedió en 1965.
            Se desempeñó como locutor en varias radioemisoras venezolanas: Radio Orituco en Altagracia de Orituco; Radio Los Llanos en Calabozo; Radio Monagas en Maturín; Radio Valles del Tuy en Ocumare del Tuy; Radio Altagracia en Altagracia de Orituco y, últimamente, Radio Activa en esta última población guariqueña. Sostuvo programas de temática variada e interesante en cada una de ellas, con los cuales lograba la atención de numerosos radioyentes. No está demás decir que, en ciertas ocasiones de dificultades económicas, debió realizar labores de electricista, agente vendedor, corrector de pruebas, chofer o algún otro oficio, procurando el sustento personal y de su núcleo familiar.

8.- Una vida modesta
            No tuvo afinidad por el burocratismo en ninguna de sus expresiones ni por la acumulación de bienes de fortuna, a semejanza de Simón Rodríguez y Cecilio Acosta. Vivió modestamente en completa armonía con sus ideales, sin tormentos causados por lo crematístico y entregado con fervor al cultivo de las letras, aun con limitaciones económicas. Jamás se doblegó ante las adversidades, independientemente de su naturaleza, ni acudió a las adulaciones para superarlas. Supo afrontar y resolver las escaseces que se le presentaron, sin recursos ni subterfugios engañosos. Sus libros fueron su principal tesoro. Compartió sus saberes con sentido pedagógico por medio de tertulias, periódicos y programas radiales. Simpatizaba con la idea de una revolución cultural que reforzara la identidad venezolana y latinoamericana, sin desligarse del concepto universal de la cultura, para contrarrestar las supremacías imperiales.
            Sus querencias estaban enraizadas en su natal Altagracia de Orituco, donde falleció a las cinco de la tarde del sábado 20 de enero de 2018, a los 78 años de edad, en su residencia de la calle Páez (entre la Adolfo Chataing y la Julián Infante), por causa de insuficiencia respiratoria aguda, insuficiencia cardíaca descompensada e hipertensión arterial descompensada, de acuerdo con la certificación expedida por el médico Eduard Laya. Fue enterrado en el Cementerio General gracitano de la calle Vuelvan Caras.

 Luis E. López Garcés

Foto: R. A. Mirabal Zapata (Beto)