lunes, 5 de diciembre de 2016

LA VOZ DE ORITUCO


Carlos A. López Garcés

 

 
En esta edificación contigua al antiguo Cine Libertad funcionó la Emisora
 
           Don Guillermo Hurtado Velázquez era un inversionista de Altagracia de Orituco, estado Guárico, donde, con permiso del Ministerio de Comunicaciones y del Concejo del distrito Monagas, fundó y dirigió una emisora local sui géneris, denominada La Voz de Orituco, cuyo sistema de transmisión era muy singular, pues comprendía una red de altoparlantes ubicados estratégicamente en varias esquinas y otros sitios de la población, tales como: el cerro Buenos Aires (cruce de calles Bella Vista y Adolfo Chataing); el callejón San José; Barrialito; Saladillo (en el roble que está frente a la Inspectoría del Tránsito, cruce de calle Andrés Eloy Blanco con avenida Ilustres Próceres); el tamarindo del viejo mercado municipal (cruce de calles Bolívar y Pellón y Palacio); El Calvario (cerro Las Iguanitas, donde está la Escuela Básica José Ramón Camejo); Pueblo Nuevo (cerca del hospital José Francisco Torrealba); el mamón del patio de la casa de Manuel Mijares, donde ahora distribuyen Gas Radelco (cruce de calles Sucre e Ilustres Próceres); etcétera. Para la instalación de estos altavoces fueron utilizados numerosos metros de cable, distribuidos hasta los puntos exactos que eran seleccionados con anterioridad. Antonio Camaute realizaba comúnmente este trabajo, contratado como práctico electricista, y varias veces fueron solicitadas las labores auxiliares de Dimas Paredes.

 

            La Voz de Orituco puede considerarse como la pionera de la “radiodifusión” altagraciana. Fue inaugurada el 16 de julio de 1948; por esto el día de la celebración católica en honor a la Vírgen del Carmen coincidía con el aniversario de la iniciación de esta emisora, cuyo dueño agradecido lo festejaba con programas populares que incluían: carreras en saco, con huevos en cucharas, de bicicletas y para atrapar cintas; piñatas; rebatiñas de centavos y de caramelos; presentaciones de músicos, cantantes y negros de plaza… y no faltaban los fuegos artificiales. Sus actividades comenzaron en una casa ubicada en la esquina sur-oeste del cruce de las calles Adolfo Chataing y Chapaiguana, a una cuadra hacia el sur de la iglesia de Altagracia; luego fue instalada en la segunda planta de un local moderno (con cuatro altoparlantes en su platabanda), situado en la parte oeste de la misma calle Chapaiguana, a cincuenta metros hacia el sur del templo y de la plaza Bolívar. Tanto el primer local como el segundo pertenecían también al dueño de aquella emisora, quien se divertía mucho cuando algunos incautos le manifestaban su fracaso al intentar sintonizarla en radiorreceptores, lo que era imposible porque carecía de la planta transmisora correspondiente; sin embargo, don Guillermo se empeñaba en identificarla con las siglas YV-4-RQ YV-4-LM, a lo que le agregaba una cantidad imaginaria de kilociclos y megaciclos para expresar la idea de potencia irradiada.

 

            La Voz de Orituco trabajaba de modo semejante a las radioemisoras comerciales del país. Sus labores ordinarias principiaban y concluían con el Himno Nacional de Venezuela; pero eran efectuadas en dos turnos: de doce del día a dos de la tarde y de seis a nueve pasado el mediodía; aunque las emisiones eran de “audición obligatoria”, debido a las características de esta emisora. No obstante, la transmisión por algún altavoz podía ser suspendida para evitar molestias a vecinos enfermos; además, con ese horario no obstaculizaba actividades de las escuelas federales Ángel Moreno, para varones, y Felipe Neri Sendrea, para hembras, adonde el alumnado gracitano asistía de ocho a once y media de la mañana y de dos a cuatro y media de la tarde. La emisora concluía su primera jornada con la marcha Adelante, lo que indicaba el comienzo del segundo turno escolar.

 

            Los locutores debían cumplir guardias asignadas, eran empíricos que carecían del certificado oficial equivalente y tenían un sueldo promedio aproximado de cuarenta bolívares mensuales. La oportunidad es válida para recordar, entre ellos, a Juan Vicente Mendoza Fernández, Sixto y José Coronil Gómez, Ildemaro Arévalo León, Natalio y Rafael Vicente Arévalo González, Pablo Parada, José Ramón López Garcés, Oswaldo Fuentes (El Musiú), César Domínguez Hernández, Félix Landaeta y Mundo Rangel. Los tres últimos mencionados y Julio Girón fueron auxiliares de audio.

 

            Los programas regulares de esta difusora orituqueña eran generalmente musicales; pero muy variables. Todavía son recordados con satisfacción, por ejemplo, las complacencias de peticiones, las actuaciones infantiles (realizadas los domingos  con el lema: “por la culturización del niño ante el micrófono”) y las de aficionados como Domingo Ramón Belisario (El Trovador Guariqueño), Juan Ramón Daniels y Juan José Tovar; era común, mediante la colocación de un micrófono enfrente de un radio, la “retransmisión directa” de Panorama Universal, un noticiario de mucha audiencia en Altagracia, cuya narración la hacia José Martínez Maiz por la caraqueña Radiodifusora Venezuela; además, dos programas especiales fueron bien acogidos por la población: uno fue el concurso que consistía en adivinar quien era el Locutor Fantasma, hecho por Juan Mendoza, Sixto Coronil Gómez y Natalio Arévalo, de ocho a nueve de la noche, con la promesa de quinientos bolívares de premio para un ganador que nunca hubo; el otro fue una comedia cuyo libreto lo adaptó Juan Mendoza, quien, además, la protagonizó junto con Elvia Armas y fue transmitida dos veces por semana, desde las doce del día hasta la una de la tarde. Hubo, asimismo, programas eventuales o extraordinarios como el de música clásica llamado La Hora Azúl, que (a pesar del fastidio que le causaba al señor Medardo Piñango)  era presentado a la una de la tarde y producido por Hiram Reinefeld Saldivia en sus períodos de vacaciones estudiantiles universitarias, y como las narraciones de ciertos entierros y de algunas procesiones en Semana Santa, hechas con tanta solemnidad que, muchas veces, don Guillermo “convirtió” la iglesia gracitana en catedral y al cura párroco en obispo.

            La Voz de Orituco era un medio de comunicación muy receptivo a las actividades culturales y deportivas efectuadas por los gracitanos. Una muestra de esta afirmación fue el programa transmitido el 12 de febrero de 1950 por estudiantes del liceo Ramón Buenahora, con motivo del Día de la Juventud(1). Otro ejemplo está contenido en una información del periódico Alborada(2) Nº 7, correspondiente a la edición del 16 de abril de 1950 y redactada de la manera siguiente:

 

“COPA DE CAMPEONES / Le fue entregada el jueves pasado al club de voleibol ‘Titanes’ de esta ciudad; obsequio del Pbro. Dr. Rafael Chacín y que recibieron el capitán del club, Víctor Soto y la bella madrina del equipo, señorita Lilia Pérez. Igualmente fueron otorgados medallas y diplomas. El acto, al que asistió numerosa y selecta concurrencia, tuvo lugar en los salones de la emisora ‘La Voz de Orituco’; hubo recitación de Luis Pérez Guglieta, palabras de aliento y fe deportiva en Oscar Martínez; entrega de diplomas; entrega de diplomas que hizo el culto sport-man Larry Urban, Vice-presidente de la Junta de Deportes de esta ciudad; imposición de medallas por la Sta. Olga Bello; entrega de la copa y palabras de clausura, donde vimos desfilar la historia del deporte en Altagracia a cargo del Pbro. Chacín, Presidente de la Junta, y para cerrar, las emocionadas frases de agradecimiento del capitán del club ‘Titanes’.

La concurrencia fue finalmente obsequiada. Larry Urban se encargó de sorprender con su cámara fotográfica diversos momentos”.(3)

 

            En Altagracia de Orituco también era común oír entonces, a las seis de la tarde, el campaneo proveniente del templo parroquial para indicar el momento de la oración, que es una costumbre católica vieja aún practicada por las personas más apegadas a esta religión. Cuando apenas habían cesado tales campanadas, el dueño de aquella emisora activaba la difusión de algunos versos de un poema de Andrés Bello, muy significativo y denominado La oración por todos (con semejanza a Víctor Hugo), el cual comienza diciendo:

 

                                                “Ve a rezar hija mía. Ya es la hora

                                    de la conciencia y del pensar profundo:

                                    cesó el trabajo afanador, y al mundo

                                    la sombra va a colgar su pabellón;

                                    sacude el polvo el árbol del camino,

                                    al soplo de la noche: y en el suelto

                                    manto de la sutil neblina envuelto,

                                    se ve temblar el viejo torreón”.(4)

 

            La Voz de Orituco obtenía ingresos normales por la difusión de mensajes publicitarios, cuya tarifa era de cinco a diez bolívares mensuales. Son recordadas todavía las publicidades de cigarrillos Camell, Phillips Morris y Chesterfield, de Pepsi-Cola, del café Guatopo distribuido por Sixto Orozco Jiménez, de cotufas Orituco, de lámparas Aladino y de las tiendas La Gran Realización de Manuel Felipe Arévalo y La Incógnita de Francisco J. Padrón.

 

            No ha sido posible establecer, con exactitud cronológica, cuando finalizaron las actividades de esta emisora; sin embargo, algunas personas, Armando Valero entre ellas, afirman que fue en el primer semestre de 1956 y el profesor Rodulfo Pérez Guglieta asegura que ya no existía en el segundo semestre de ese año, cuando él regresó a Altagracia de Orituco a ejercer su profesión en el liceo Ramón Buenahora; pero el autor de este escrito recuerda que aún funcionaba en 1955. La desaparición definitiva de esta emisora puede asociarse con el surgimiento de Radio Orituco, la cual fue inaugurada el 5 de julio de 1958 y cuyos copropietarios eran los señores Manuel Torrealba y Miguel Pessil; este último actuaba como Director-Gerente(5).

 

         Como un honor a la verdad debe decirse que La Voz de Orituco no agradaba unánimemente a la comunidad altagraciana, porque sus transmisiones incomodaban a varias personas, aun cuando era identificada como “la voz amiga de todos”. No obstante, ella significaba una práctica innovadora de la comunicación social en una localidad habitada, acaso, por algo más de trece mil personas, reconocidas entre sí con tanta suficiencia que era fácil la divulgación interpersonal de comentarios pueblerinos, lo que contrariaba principios muy elementales de la publicidad mediante el uso de altavoces, pues era conocido ampliamente lo relacionado con el dueño, el ramo mercantil y la dirección de distintas casas comerciales existentes en la comunidad. Puede afirmarse que la inversión hecha para el mantenimiento de aquella emisora era muy alta, con respecto a los ingresos por motivos de publicidad que eran escasos, y esto influyó en la eliminación de sus servicios(6).

REFERENCIAS Y NOTAS

(1) LORETO LORETO: 1961; p. 298.

 

(2) Alborada era un quincenario que circulaba entonces en Altagracia de Orituco, con la dirección del profesor buenahorista Blas Loreto Loreto.

 

(3) LORETO LORETO: op. cit.; pp. 300, 301.

 

(4) BARNOLA: 1964; p. 32.

 

(5) Caminos. Nº 20; p. 4.

 

(6) Este trabajo es copia textual del que fue publicado en el diario el siglo de Maracay, en 1991.

 

FUENTES

 

I.- Bibliográficas

           

            BARNOLA, Pedro P. Las cien mejores poesías líricas venezolanas. Barcelona.             Publicaciones Reunidas S.A.; quinta edición. 1964.

           

            LORETO LORETO, Blas. Alborada, pie de luz para medio siglo. Caracas.        Ediciones Paraguachoa S.A. 1961.

 

II.- Hemerográficas

           

            “Inauguración de la Radio Orituco”. Caminos. Director: Cruz Fermín Boada. Nº    20 – Año I. Altagracia de Orituco, tercera semana de julio de 1958, p. 4.

 

III.- Noticias orales suministradas en Altagracia de Orituco por las siguientes personas:

           

            ARÉVALO, Rafael Vicente.

            BELISARIO, Domingo Ramón.

            DALIS, Pedro.

            D’SUZE GARCÍA, Luis.

            GIRÓN, Julio.

            HURTADO VELÁZQUEZ, María.

            LÓPEZ GARCÉS, Luis E.

            MENDOZA FERNÁNDEZ, Juan Vicente.

            PAREDES, Dimas.

            PÉREZ GUGLIETA, Rodulfo.

            RANGEL, Mundo.

            REINEFELD SALDIVIA, Hiram.

            VALERO, Armando.

 

viernes, 25 de noviembre de 2016

ADOLFO ANTONIO MACHADO PÉREZ


(RESUMEN BIOGRÁFICO)

 
Carlos A. López Garcés

Cronista de Orituco
 


Nació en Altagracia de Orituco, el 10 de septiembre de 1855. Sus progenitores fueron: don Manuel María Machado y doña Ana Francisca Pérez. Contrajo matrimonio con la gracitana Rafaela Inocencia Pérez, con quien procreó ocho hijos: Fortuna, Adolfo (Pipo), Manuel María, Carmen Consuelo, Rafaela, Adolfina, José Manuel y María Adolfina. Tenía una firma mercantil con su hermano Manuel denominada Hermanos Machado, que constituía su base  económica principal.  El protagonismo en la actividad política no ocupaba su diario quehacer; sin embargo, fue concejal y jefe civil del otrora distrito Monagas del estado Guárico en la novena década de la centuria XIX; además, se solidarizó con la Revolución Legalista liderada por el general Joaquín Crespo en 1892, cuando este caudillo combatía las pretensiones continuistas e inconstitucionales del presidente Raimundo Andueza Palacio.  Procuraba con tenacidad la ejecución de importantes obras de interés para la colectividad altagraciense, hasta lograrlas. Su conducta cotidiana estuvo regida por sólidos principios morales. Era católico practicante, muy devoto de la Inmaculada Concepción. Interpretaba el órgano, con preferencia por la música litúrgica.

Fue autor del libro Recopilación de apuntaciones para la historia de Altagracia de Orituco hasta el siglo XIX, publicado por tercera vez y con su título original por la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del Estado Guárico, en el año 2008. La primera edición de esta obra fue hecha en 1961 por empeño de su bisnieto Pedro Rafael Arévalo, con el título Apuntaciones para la historia (obra escrita entre 1875 y 1899). La segunda edición ocurrió en el año 2003; fue titulada Apuntaciones para la historia y otros textos y auspiciada por el Fondo Editorial Orituco, representado por el ciudadano Ramón Alberto (Beto) Mirabal Zapata. Machado recopiló también, en dos volúmenes, instrucciones para varias artes fabriles y numerosas recetas para tratar diferentes enfermedades; así mismo, compilaba informaciones estadísticas relacionadas con las actividades agrícolas, ganaderas, mineras, comerciales, etcétera, de Altagracia de Orituco, según lo afirmó el doctor Pedro Natalio Arévalo en un trabajo suyo sobre el biografiado, hecho público en 1984. Lamentablemente, esas noticias de interés historiográfico local están inéditas y, quizás, en manos de algún descendiente.  

Su casa de habitación fue muy dañada cuando el general Nicolás Rolando, uno de los jefes de la Revolución Libertadora, estableció en ella su cuartel general durante su marcha hacia La Victoria, para enfrentar las fuerzas gubernamentales comandadas por el general Cipriano Castro en 1902. Entre los daños más graves estuvo la destrucción total de la biblioteca, compuesta de numerosos libros y documentos de mucha importancia. Sus apuntaciones se salvaron entonces porque estaban, afortunadamente, en posesión del abogado orituqueño Luis Ramón Morín, quien las utilizaba en calidad de préstamo para obtener ciertos datos. Así lo informó su nieto Pedro Fortunio Arévalo Machado al académico José Antonio de Armas Chitty, mediante carta fechada en Madrid el 29 de febrero de 1961.       

Machado fue un intelectual autodidacta, que practicó con devoción la historiografía orituqueña. Sus apuntaciones son fuente de consulta obligatoria para los interesados en investigar acerca del proceso histórico del Orituco. Es válido considerarlo como el primer cronista orituquense conocido, en concordancia con el significado estricto de la actividad cronística, la cual ejerció, por vocación y con metodología aceptable, en el transcurso de más de veinticuatro años, a pesar de las tantas limitaciones de su época. Murió en su pueblo natal el 1º de julio de 1903, como consecuencia de una cardiopatía, a los cuarentiocho años de edad. Es el epónimo de la biblioteca de la Fundación Dr. Pedro María Arévalo gracitana, creada el 5 de mayo de 1984 y adscrita a la Red Nacional de Bibliotecas Públicas desde ese mismo año.

________

Nota. Este extracto corresponde al libro inédito de mi autoría Algunos historiadores y cronistas del Orituco/C.L.G.

 

martes, 8 de noviembre de 2016

DOS ANTIGUOS CASERÍOS ORITUQUEÑOS


Carlos A. López Garcés

Cronista de Orituco

 

 


1.- Ubicación

            Guanape y Guanapito fueron voces que sirvieron en Orituco, desde tiempos coloniales hasta mediados del siglo XX, para identificar a dos sitios ubicados en las inmediaciones de la quebrada que les dio nombre, cerca de su desembocadura en el río Orituco, a siete kilómetros (7 Km), aproximadamente, al noroeste de Altagracia, municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico.

            Guanape lindaba por el suroeste con Guanapito y por el noroeste con la finca La Rubileña. La agricultura fue siempre la actividad predominante en esos lugares; pero el uso de la tierra cambió con la construcción del embalse Guanapito. Sin embargo, los vocablos perduran: Guanape en la quebrada de donde derivó la identidad del lugar y en el caserío El Banco de Guanape, situado al norte de la presa mencionada y a orillas de ese riachuelo; Guanapito permanece en el de la represa, en el de un parque recreacional, en el de una subestación experimental piscícola, dependiente del Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (INIA), y en el de un ánima milagrosa en las cercanías más inmediatas al sur del mismo embalse.

 

2.- Topónimo

            Varios autores emitieron opiniones coincidentes con respecto al origen y significación del vocablo Guanape.

            Uno fue el lexicógrafo tocuyano Lisandro Alvarado (1858-1929), quien, en su libro Glosario de voces indígenas (2008, p. 222), lo definió como el nombre de un “Pez de río de unos dos palmos de largo, rosado hacia el dorso, con líneas de manchas doradas longitudinales en los costados…”   

            Otro, el historiador Telasco Mac Pherson (¿?-1896), cuando, en su obra Diccionario histórico, geográfico, estadístico y biográfico del estado Miranda (1973 y 1988, p. 265), citó al escritor Arístides Rojas (1826-1894) para reiterar que la etimología de “…Guanape se deriva de Huanapo ó Huanapur que significa heredad de campo…” Y agregó de seguidas que “…Entre los Cumanagotos, equivale al vocablo haitiano conuco: heredad de la yuca, heredad de campo, labranza…”  

            También el lingüista don Tulio Chiossone (1905-2001) se ocupó del término al escribir, en su Diccionario toponímico de Venezuela (1992, p. 188), lo siguiente: Lisandro Alvarado, refiriéndose solo al sitio orituqueño “…dice que el nombre Guanape proviene del cumanagoto guanapu, que quiere decir ‘dehesa’, ‘hato’ […] Según Tavera Acosta, Guanape en dialecto gabarana quiere decir ‘llanura’; y en dialecto mapoyo ‘yerba’. Aunque resulta difícil precisar a cual dialecto pertenece, se observa cierta unidad del significado entre ‘dehesa’ (cumanagoto), ‘llanura’ (gabarana) y ‘yerba’ (mapoyo). El doctor [Julio César] Salas también dice que Guanape en dialectos mapoyo y gabarana del Orinoco significa yerba, yerbazal. Juan Ernesto Montenegro […] dice que guanapo en cumanagoto es: ‘finca, labranza, sembradío, conuco. También se dice guanapur’. Por lo apuntado anteriormente, los significados en las diversas lenguas tienen su correspondencia…”

            Por su parte, el docente y vocabulista Oldman Botello (1947), en su Toponimia indígena de Aragua (1990, p. 51), resumió el caso diciendo que Guanape es “Nombre de pez de río; también guanapo es labranza, conuco, en cumanagoto…”

            Es pertinente añadir que Guanapito es, sin dudas, el diminutivo castellanizado de Guanape, acerca del cual el profesor Lorenzo Aquiles Reyes Chapellín (1930), en su libro Laonemia (2008, pp. 83, 302), sin mencionar la fuente y a manera de preámbulo de una leyenda, reseñó que: “Guanapito es el nombre de un pequeño saurio de unos 15 cm de largo en su etapa adulta, con el cuerpo amarillo y listas negras longitudinales. Es muy abundante en la región orituquense. Guanapito es también el nombre que los guaiqueríes, primitivos habitantes de este territorio, le dieron a un río que lleva sus aguas al río Orituco”. Esta aseveración fue ratificada por su autor el lunes 13 de junio de 2016, cuando agregó que el antiguo río Guanapito es actualmente una quebrada que desemboca en la margen izquierda del río Orituco. A esta afirmación se agregan dos versiones dadas por dos septuagenarios orituqueños: una, la del señor Ciro Utrera, nativo y ex residente de Guanape, quien aseguró, el lunes 20 de junio de 2016, que la quebrada Guanapito es afluente del río Orituco; otra, la del señor Julio Girón, conocedor de esos lugares, quien dijo, el martes 21 de junio de 2016, que, anteriormente, también llamaban Guanapito a la quebrada de Guanape, la misma que ahora es más conocida como quebrada de El Banco. No obstante, conviene advertir que, hasta el momento de redactar este trabajo, no ha sido posible confirmar, mediante otras fuentes, el uso del vocablo guanapito para denominar algún reptil, río o quebrada en  tierras orituquenses.

 

3.- Datos interesantes

 

            Guanape y Guanapito fueron lugares de haciendas durante la segunda mitad del siglo XVIII y en la primera década del XIX, cuando los pobladores eran escasos y las trabajaban con mano de obra esclava, como está ilustrado, a modo de ejemplo, en el cuadro que sigue a este párrafo, de acuerdo con las matrículas parroquiales de los años indicados, correspondientes al pueblo de Nuestra Señora de Altagracia de Orituco:

 
H A B I T A N T E S    P O R    A Ñ O
 
POBLACIÓN TOTAL
ESCLAVOS
Sitio
Casa y hacienda
1764
1767
1769
1772
1764
1767
1769
1772
Guanape
Don Tomás Joseph Ramírez
22
17
17
19
11
  6
  9
  8
 
Don Francisco Javier Ramírez
30
17
19
16
27
17
17
16
Total
 
52
34
36
35
38
23
26
24
Guanapito
Don Juan Calixto Banders
  6
18
17
18
  3
15
  9
  9
 
C. Don Juan Dionisio Ruiz
 
  9
  9
15
 
  3
  2
  6
 
C. Esteban Feliciano García
  7
  7
  9
  6
 
 
 
 
 
C. Joseph Francisco de la Motta
  5
 
  4
 
 
 
 
 
 
C. Doña Juana Petronila Banders
  5
  5
  3
  3
 
 
 
 
 
C. María Josepha Mirabal
  7
  7
  7
11
 
 
 
 
 
C. Juan Matías Ortuño
  4
  4
  7
  7
 
 
 
 
 
C. Prudencio del Barrio
  5
 
 
 
 
 
 
 
 
C. Don Diego Antonio Sotomayor
  2
 
 
  9
 
 
 
 
 
C. Nicolás Joseph Banders
  7
  8
 
 
 
 
 
 
Total
 
48
58
56
69
  3
18
  11
  15
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

            Es oportuno agregar a las informaciones precedentes lo expuesto a continuación: Don Juan Ramírez de Salazar afirmó, al momento de hacer su testamento en 1760, que tenía una hacienda de caña en el sitio de Guanape, donde don Tomás Joseph Ramírez también poseía 3 esclavos en 1791 y un cacaotal de veinte mil plantas en agosto de 1793, que su viuda, doña Juana María Sarmiento Valladares, aún mantenía con un poco más de cuatro mil plantas en diciembre de 1804 y don Andrés Ramírez era dueño de un cañamelar en mayo de 1794. Asimismo, debe decirse que: Doña Dionisia Josefa Urbina tenía alrededor de cien árboles de cacao frutales y cuatrocientas matas de plátano en julio de 1791 en Guanapito, donde estaba la hacienda heredada desde 1796 por los  hermanos don Julián, don Leandro y doña Bernarda Cabrera, la cual tenía un mil seiscientas plantas de cacao en septiembre de 1804 y en noviembre de este mismo año había otro cacaotal con casi cuatro mil árboles,  cuyo propietario era don Juan Dionisio Ruiz.

            Telasco Mac Pherson, en su obra precitada, que fue hecha pública en 1891, definió a Guanape y Guanapito como caseríos pertenecientes a Altagracia de Orituco, con 33 casas y 248 habitantes en el primero y 15 viviendas y 123 pobladores en el segundo. Habrían surgido dentro de propiedades particulares dedicadas a las actividades agrícolas, fundamentalmente, que aún conservaban esa vieja tradición económica en la quinta década del siglo XX, cuando, las siembras de maíz y de tomate de la hacienda  Guanapito,  y de otras fincas orituqueñas fueron arrasadas por la extraordinaria creciente del río Orituco, sucedida el 20 de octubre de 1950, según noticias publicadas en el periódico gracitano Alborada Nº 17, que dirigía el educador calaboceño Blas Loreto Loreto.

              Guanapito era una hacienda productora de caña dulce y de maíz en la sexta década de la centuria veinte, cuando allí habitaban cinco o seis familias; en ella había un trapiche para la molienda de caña y el aprovechamiento de sus derivados; su último propietario fue el señor Pedro Vilachá.   

            La población de Guanape era más numerosa en esos tiempos, quizás sobrepasaba las 100 familias, entre cuyos apellidos primordiales estaban: Ramírez, Rondón, Jaramillo, Utrera, Hernández, Bravo, Seco, Nares, Reyes y otros, cuyos miembros dependían económicamente de la agricultura y la cría; resaltaba el beneficio sabatino de cerdos y reses, así como la trilla de café y la tienda del señor Jesús María Hernández, quien mantenía relaciones comerciales con pequeños productores cafetaleros de Caramacate, El Tiamo, Guatopo, Tinapuín o Tunapui, El Roble y otros sitios circunvecinos, por lo que el caserío era una especie de centro comercial en aquel amplio espacio de agro-producción. En Guanape había escuela, dispensario, comisaría, capilla católica y alumbrado público de seis de la tarde a nueve de la noche, gracias a la planta hidroeléctrica de la hacienda La Rubileña, ubicada en las proximidades del vecindario, que era encendida entonces por el señor Pedro Utrera; además, había una bodega muy conocida, propiedad del señor Julio Bravo, sita en la entrada del poblado y a la orilla de la carretera Altagracia de Orituco-Caracas, que era famosa por ser una especie de parada de autobús donde los viajeros esperaban el transporte de la empresa La Flor de Orituco (perteneciente al señor José Rafael “Catire” Álvarez), con destino a los Valles del Tuy, a la capital de la República o sitios intermediarios y viceversa; era común ver algunos pasajeros abordando el vehículo junto con sus equipajes respectivos, los cuales podían consistir en maletas, busacas, racimos de topocho o de cambur, gallinas u otras aves domésticas, sacos llenos de verduras, camas, colchones, etcétera; por esto el colector debía tener mucha paciencia para acomodarlos en la parrilla colocada sobre el techo del autobús, que luego tapaba con un encerado protector y aseguraba bien con un mecate. Aquella bodega fue transformada después en un botiquín, sin que perdiera su uso como parada de autobús. 

            Ambos vecindarios se mantuvieron como tales hasta que ocurrió el desalojo de sus habitantes por causas de utilidad pública hacia 1958. El señor Domingo García fue el último en abandonar Guanape… Esos espacios, junto con los de la hacienda La Rubileña, los requirieron para la construcción del embalse Guanapito, cuyos trabajos fueron ejecutados de 1959 a 1962, mediante la coordinación del Ministerio de Obras Públicas. El dique fue hecho sobre el paso del río Orituco en Guanapito, que era parte del viejo camino Altagracia de Orituco-Ocumare del Tuy, por la vía de Quere hacia Quiripital; de allí proviene el nombre del embalse. Al parecer, estaba previsto que las aguas de esta obra alcanzarían su máxima cota en el transcurso de cuatro años; no obstante, las lluvias fueron copiosas en 1962, tanto que la represa llegó a su capacidad extrema en el lapso de tres días de ese mismo año, según noticias aportadas por el señor Julio Girón. La obra fue inaugurada en abril de 1963 por Rómulo Betancourt, quien era el Presidente de la República. Desde entonces, Guanape y parte de Guanapito quedaron cubiertos por las aguas del embalse recién construido; tuvieron el mismo destino final de la finca La Rubileña y de un puente metálico situado sobre el cauce de la quebrada Guanape, en la vía Altagracia-Caracas.  

            Algunos ex pobladores de esos vecindarios desaparecidos se reubicaron en Altagracia de Orituco, otros en Orocollal y en el Banco de Guanape. Varios de ellos recordaban con frecuencia un antiguo comentario que circulaba entre los guanapenses, según el cual lo ocurrido era consecuencia de la predicción de un cura, quien había vaticinado que Guanape desaparecería cubierto por las aguas, porque dos hombres le apedrearon la capilla que construyó en el caserío.

 

Altagracia de Orituco, junio de 2016.

 

FUENTES

1.- Documentales

ARCHIVO ARQUIODIOCESANO. Caracas, municipio Libertador.

 

            Matrículas de Altagracia de Orituco. Sección: Matrículas parroquiales. Carpeta Nº         37. Años 1764-1791.

 

2.- Bibliográficas

ALVARADO, Lisandro. Glosario de voces indígenas. Caracas. Monte Ávila Editores Latinoamericana C.A., 2008.

 

BOTELLO, Oldman. Toponimia indígena de Aragua. Maracay. Publicaciones del Concejo del Municipio Girardot. Oficina del Cronista de la Ciudad. Primera edición, 1990.

 

CHIOSSONE, Tulio. Diccionario toponímico de Venezuela. Caracas. Monte Ávila Editores. Colección Manuales. Primera edición, 1992.

LÓPEZ GARCÉS, Carlos A. Tiempos coloniales de Altagracia de Orituco (1694-1810). Altagracia de Orituco. Edición de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico. 2005.

 

LORETO LORETO, Blas. Alborada, pie de luz para medio siglo. Altagracia de Orituco. Edición de la Alcaldía del Municipio José Tadeo Monagas del estado Guárico. 2009.

 

MAC PHERSON, Telasco. Diccionario histórico, geográfico, estadístico y biográfico del estado Miranda. Presentación: Dr. Arnoldo Arocha Vargas. Los Teques. Edición facsimilar de la Gobernación del Estado Miranda. 1973. 

 

REYES, Lorenzo Aquiles. Laonemia. Caracas. Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Fundación Editorial el perro y la rana. 2008.

 

 

3- Información oral

 

GIRÓN, Julio. Altagracia de Orituco, domingo 29 de mayo de 2016; martes 21 de junio de 2016.

 

REYES CHAPELLÍN, Lorenzo Aquiles. Altagracia de Orituco, lunes 13 de junio de 2016.

 

UTRERA, Ciro. Altagracia de Orituco, lunes 20 de junio de 2016.

 

UTRERA, Francisco. Altagracia de Orituco, jueves 12 de mayo de 2016